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Steve Forbert, Teatro Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa, Madrid (4/06/2019)

Autor: | @adolf_ito

Dentro del ciclo Americana Music Madrid, que se celebra en el Teatro Fernán Gómez, el pasado martes 4 de junio se presentaba por primera vez en España, después de más de 40 años de carrera, Steve Forbert.

Antes del concierto de Forbert pudimos ver a Arcadio Falcón tocando, con su guitarra y su armónica, sobre un miniescenario en el vestíbulo del centro cultural. Interpretó temas propios y alguna versión (mientras tocaba Romeo’s Tune, el propio Forbert lo fotografió; y un poco después hizo una versión del Don’t Think Twice, It’s All Right de Dylan, músico con el que fue comparado Forbert al principio de su carrera). Arcadio sonó muy bien, así que habrá que ir a su próximo concierto con su grupo The Bandits, que será el 21 de junio en el Café La Palma de Madrid.

La noche arrancó un tanto surrealista con la presentación que hizo Fernando Navarro ante el público de un Steve Forbert que, detrás de él, ponía cara de póquer. Y no era para menos porque, por dos veces, Navarro presentó a… Steve Earle. Pasada la anécdota, y después de una pequeña pelea de Forbert con un ventilador de lo más cutre que le pusieron sobre el escenario para poder soportar el calor que hacía, todo fue como la seda. El americano, con su Gibson casi desvencijada, su colección de armónicas y sus zapatos como únicos acompañantes, interpretó canciones clásicas como Going Down To Laurel o temas de su último trabajo como Magic Tree, con una preciosa voz a la que poco ha afectado en calidad el paso del tiempo.

En los más de 100 minutos de actuación, tuvo tiempo para hablar con el público, preguntar qué temas querían escuchar (aunque llevaba el guion ya preparado), pedirles que acompañaran con palmas o que tararearan el estribillo de temas tan deliciosos como Blackbird Tune, de su álbum The Place And The Time, recordar al guitarrista Jimmy Rogers o dedicarse el tema de The Beatles When I’m Sixty Four.

Y aunque había dicho que Romeo’s Tune ya no la tocaba nunca, estaba claro que tenía que ser una broma. Su único éxito rotundo sonó al final de la noche para cerrar, junto con otras dos canciones, más de hora y media de excelente folk y blues.

Después del concierto, salió al vestíbulo a firmar discos y puso la mejor de las caras a todos los seguidores que se apiñaban alrededor de él para hacerse fotos. Pudimos comprobar que es un gran músico y un gran tipo. Ya sólo nos queda que repita visita y, si es posible, con banda.

Fotos: Adolfo Añino

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