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Crónica del Tomavistas 2019

Autor:  | Google+ | @curtillo

La edición de 2019 del festival Tomavistas ha sido uno nuevo éxito. El evento madrileño ha congregado a 16.000 personas en dos días que nos han dejado uno alto número de conciertos memorables, en un entorno inmejorable, y con una organización envidiable. La cual, por cierto, ha conseguido que, a pesar de contar con un sold-out, no hubiera mucha cola en las barras ni muchas aglomeraciones. Aunque sí es cierto que han tocado techo en lo que a público se refiere, porque en el Parque Enrique Tierno Galván no caben más personas.

Los Estanques son una de las bandas nacionales con mayor proyección del momento. Su rock, que bebe de todas esas bandas españolas que en los setenta aportaron un poco de sus raíces cañís a la música anglosajona, funciona en disco, pero no mucho en directo. Quizá, no era su sitio, ni su momento, pero su actuación en el escenario Jägermeister no pasó de un aceptable. Más que nada, porque, sobre la tarima, pierden un poco del encanto retro que tienen en disco, lo que hace que se conviertan en una banda más estándar. A ver si poco a poco consiguen trasladar todo lo bueno de su disco de debut al directo.

“Hemos estado mucho tiempo encerrados en la cueva”, dijo Isa a mitad del concierto de Triángulo de Amor Bizarro. Un dato que puede explicar un poco alguno de sus desafines a la hora de cantar, y un sonido un tanto regulero. Estas fueron las únicas pegas del concierto de la banda gallega, porque, en cuanto a repertorio y contundencia, no fallaron. Incluso en los dos temas nuevos que tocaron –ojo, con uno de ellos, que nos presenta a unos TAB de lo más potentes-. Pero claro, los grandes momentos llegaron con sus cortes más conocidos. Así, fueron muchos los que corearon eso de “habría votado a la derecha por ti” en ‘Qué hizo por ella cuando la encontró’. Lamentablemente, en Madrid, parece que lo hicieron de verdad. O los que bailaron y cantaron ‘Barca quemada’ y ‘De la monarquía a la criptocracia’, con las que acabaron su concierto a lo grande.

Uno de los pocos fallos que ha tenido el festival, es la disposición de escenarios, y el hecho de que, según acabara un concierto, empezara inmediatamente el siguiente al otro lado del recinto. No es que haya una distancia muy grande, apenas son cinco minutos en condiciones normales, pero al salir de otro escenario y hacer una parada técnica para ir al baño, pueden convertirse en quince, y teniendo en cuenta que Cala Vento tocaban 40 minutos, apenas pude ver diez minutos. Eso sí, en ese corto espacio de tiempo, se pudo comprobar el tirón con el que cuenta el dúo madrileño, y lo bien recibidas que son algunas de sus nuevas canciones. Especialmente ‘Gente como tú’, que ya es todo un hit.

Cigarettes After Sex suenan muy bien en directo, tienen una puesta en escena simple, pero cuidada, y ejecutan sus canciones estupendamente, pero tienen un fallo importante: todos sus temas parecen el mismo. Su música entra de maravilla, pero también sale muy fácilmente. Nadie puede negar que ‘K’, ‘Nothing’s Gonna Hurt You Baby’ o ‘Apocalypse’ no sean grandes canciones de dream-pop perezoso y lánguido, pero esa languidez encima del escenario de un festival, se convierte en aburrimiento a partir del cuarto tema. De hecho, tan solo hubo en pequeño sobresalto en ‘Dreaming of You’, el tema con el que cerraron su concierto, el cual contiene un punteo de guitarra un tanto más ruidoso y estridente. Nunca he entendido por qué dejaron de lado la faceta más indie-pop de sus comienzos, porque no sonaba muy bien y, además, le daría algo de variedad a su repertorio.

La proximidad del escenario Jägermeister con el Tomavistas, hizo que me decantará por Playback Maracas en lugar de por Wooden Shjips, y parece que acerté. El dúo de Mataró es toda una rara avis del panorama nacional, y su música, que mucha gente define como psicodelia tropical, funciona muy bien en directo. Además, su puesta en escena, con esa guitarra doble, y un tercer miembro al saxo, mola bastante. Describir su música es casi imposible, porque en ella hay rastros de electrónica, krautrock, cumbia o indie. Un coctel que puede resultar algo estomagante, pero que encima de un escenario funciona. De hecho, consiguieron hacer bailar a todo el público que llenaba su concierto.

Lo mejor de la noche del viernes, y de todo el festival, fue Beach House. El dúo de Baltimore, convertido en trío para el directo, maneja de sobra los grandes escenarios, y su nuevo espectáculo está creado para la ocasión. Al contrario que Cigarettes After Sex, su dream-pop sí que funciona en este tipo de recintos, y ahora que se han tomado más en serio su puesta en escena, lo hace mucho más. Porque resultó imposible no emocionarse con temas como ‘Walk in the Park’ o ‘Wishes’, mientras en una pantalla gigante aparecía un cielo estrellado. O como juegan estupendamente con las luces, y que una simple nota de teclado resulte algo extraordinario. Aunque, quizá, el mejor momento, vino con ‘Space Song’, y con esa cámara enfocando un primer plano los instrumentos de Alex Scally y Victoria Legrand, y proyectando las imágenes en la pantalla de atrás. Y ojo que, para cerrar su concierto, obviaron lo que es dream-pop, y con ‘Dive’ se convirtieron en una banda de shoegaze. Inolvidables.

Chaz Bear, o lo que es lo mismo, Toro y Moi, fue uno de héroes de aquel chillwave que tan de moda se puso hace una década, pero en los últimos años había estado un poco perdido. Hasta ahora, que ha vuelto con un nuevo trabajo notable. Por eso su concierto estuvo bastante bien. Además, se benefició del frío y de que la gente tuviera ganas de bailar para entrar en calor. Y es que, está mucho más funk de lo habitual, y fue imposible no mover los pies con temas como ‘Ordinary Pleasure’, ‘Laws of the Universe’, o la maravillosa ‘Who Am I’. Eso sí, cuando bajó un poco el ritmo, y entregó una balada como ’50-50’, también bajó el listón y las ganas de fiesta del público presente. Afortunadamente, en seguida siguió en el camino del funk, y nos entregó una ‘New Beat’ gloriosa.

La jornada del sábado la empecé con Cass McCombs, y su rock de raíces americanas. Aunque esto hay que cogerlo con pinzas, porque nunca le ha hecho ascos a otros estilos. Por eso es uno de los artistas más interesantes del mundo del folk actual. Algo que demostró en su concierto en Madrid, en el que las guitarras sonaron más potentes de lo habitual. Además, se montó una buena jam session final con ‘Rounder’, la canción que cierra su último trabajo. Así que sí, lo suyo dista mucho de ser un artista de folk cualquiera.

Estaba claro que, jugando en casa, Carolina Durante lo iban a petar en su concierto en el Tomavistas, pero no creo que ni ellos mismos se esperaran ese recibimiento. Su concierto se convirtió en un karaore desde la primera canción, y los pogos de las primeras filas no pararon en los 50 minutos que duró el mismo. Algo que no es de extrañar, porque el grupo madrileño ha logrado que su música gusta a jóvenes y mayores, y ambos públicos disfrutaron de su concierto. Por supuesto, los mayores momentos de euforia, llegaron con ‘Perdona (ahora sí que sí)’ y ‘Cayetano’, los cuales se los guardaron para el final, pero no fueron los únicos. Y es que, si algo demostraron el otro día, es que no son un grupo con par de hits. Así, cada canción, fue recibida como si de un clásico se tratara, y temas como ‘El himno títular’, ‘Niña de hielo’, ‘En verano’, o ‘Joder, no sé’, levantaron la vena más punk del público presente.

La verdad es que lo de las Hinds es de lo más curioso. No tocan especialmente bien, aunque tampoco lo hacen mal, cantan un poco regular, y sus canciones tampoco son sobresalientes, pero siempre acaban triunfando. Probablemente será por el buen rollo y la simpatía que desprenden encima del escenario, con los que consiguen que al final todo el mundo acabe bailando en sus conciertos. Algo que volvió a ocurrir aquí con canciones como ‘Castigadas en el granero’ y ‘New for You’. Bien por ellas.

Hace ya más de dos décadas que Jason Pierce se tomó muy en serio eso de hacernos flotar en el espacio, y cada concierto de Spiritualized es un viaje en el que artista británico ejerce de piloto. Junto a una extraordinaria banda y un coro de tres solistas (es increíble ver como consiguen que sus voces resalten entre un manto de psicodelia), nos lleva a su mundo personal en el que, el rock, la psicodelia y el góspel se funden. Empezaron a lo grande, con una ‘Come Together’ que nos hizo presagiar por donde iban a ir los tiros en la siguiente hora. Por un lado, esa psicodelia ruidosa, iba a estar presente en cortes como ‘The Morning After’ y ‘On The Sunshine’, pero su faceta más relajada también iba a tener protagonismo. Perfecto, porque las dos funcionan de maravilla, y temas como ‘I’m Your Man’ o ‘A Perfect Miracle’, nos dejaron con la baba cayendo.

Deerhunter venían con nuevo disco bajo el brazo, pero no fue el gran protagonista de su concierto. La banda de Bradford Cox empezó con su faceta más ruidosa, y yéndose al principio de su carrera con la impresionante ‘Cryptograms’. Y es que, aunque su último trabajo es notable, y canciones como ‘Death in Midsummer’ y ‘What Happens to People?’ sonaron estupendamente, lo mejor vino cuando echaron la vista atrás. Porque la sedosa electrónica de ‘Helicopter’, o el indie-rock melódico de ‘Desire Lines’ y ‘Coronado’, siguen resultando brutales en directo. La lástima que es hubiera momentos en el que no lograron pillar el punto al sonido, pero, por lo demás, fue otro de los grandes conciertos del festival.

Da igual que las veces que veas el mismo espectáculo de Joe Crepúsculo, que sigue funcionando igual de bien. Su actuación en el escenario Dr. Martens fue toda una fiesta en la que no faltó ni Tomasito, ni el coctelero, ni la invasión del escenario final. Y es que, su fábrica de baile, en la que entran hits incontestables como ‘La verdad’, ‘Vete a la mierda’ o ‘Musica para adultos’, resulta infalible. Además, Joe sabe cómo meter al público en su concierto, que acaba dando palmas, cantando y bailándolo todo. No hay mejor forma de cerrar un festival.

Fotos: Adolfo Añino

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