Perfectos desconocidos

Las ‘nuevas’ tecnologías y las redes sociales han cambiado por completo la forma en la que interactuamos y nos relacionamos. Lejos de aislarnos, nos han permitido conectar con personas que no habríamos conocido antes, cuando nos veíamos limitados al círculo de personas cercanas físicamente en el trabajo, el lugar de estudios, el barrio o la discoteca. Ahora, podemos quedar con perfectos desconocidos para compartir coche y gastos en un viaje a otra provincia. Esta es la premisa de Con quién viajas, ópera prima de Hugo Martín Cuervo, en la que cuatro personajes compartirán un viaje de Madrid a Murcia, pasando por Cieza.

La trama transcurre enteramente dentro del reducido espacio del coche, en carretera, y el viaje sirve para que los personajes se vayan revelando: porque tienen algunas cosas que ocultar. Así, Martín Cuervo depende casi enteramente de su guión y de sus actores para hacernos pasar un rato entretenido. El primero goza de diálogos costumbristas que hacen mucho por hacer que las situaciones planteadas sean creíbles y cercanas, además de contener varios giros que aportan interés a la trama. En cuanto a lo segundo, los actores cumplen estupendamente: Salva Reina defiende bien un papel que roza la caricatura; Ana Polvorosa le da la réplica y se convierte un poco en la protagonista del relato; Pol Monen tiene un rol menos dicharachero, pero aporta con sus expresiones, de forma muy sutil, la parte emocional y humana; y Andrea Duro tiene un papel clave dentro de la trama, que resuelve con eficacia. 

Con quién viajas es una comedia costumbrista con algo de intriga, que de paso reflexiona sobre quiénes somos en la sociedad actual mediatizada por las redes sociales: la fachada que ofrecemos públicamente, la parcela de intimidad a la que hemos renunciado voluntariamente y ese lado oculto que reservamos a los mensajes privados que circulan a través de nuestros teléfonos móviles. La película resuelve bien el reto de entretener durante casi hora y media con solo cuatro personajes y con un coche como único escenario, aunque quizás podríamos afearle el hecho de que sus misterios se intuyen con facilidad -al menos es mi caso- y que quizás se podría haber afinado un poco más la comedia para hacernos pasar de la sonrisa a la carcajada.