Cómo Vivir en el Campo “Siempre te he amado, nunca he dejado de quererte, toda mi vida es para ti” (El Genio Equivocado 2020)

Cuarto estupendo disco de los madrileños

Para su cuarto disco oficial, el tercero en la discográfica El Genio Equivocado, Cómo Vivir en el Campo abandonan por primera vez su costumbre de nombrar sus discos con el nombre del grupo seguido de un número, y eligen un título largo y significativo: siempre te he amado, nunca he dejado de quererte, toda mi vida es para ti. Creo que esta característica inicial no carece de importancia, dado que estamos ante su disco más poético, no solo por lo que revelan sus letras, sino también por cómo estas marcan el desarrollo musical del álbum.

Esta vez, dejan a un lado el paroxismo eléctrico para hacer nadar las canciones por un mar cristalino. Las guitarras suenan como suaves oleadas turquesa, que van dibujando, a pinceladas, un camino plácido, líquido, por el que el oyente se desliza flotando.

Starry Belle arranca el disco con unos remolinos de guitarra que hacen pensar en Tom Verlaine (un guitarrista con nombre de poeta) antes de que el ritmo se acelere, como lo haría el pulso de un náufrago que recuerda, en una playa paradisiaca, aterrado por el silencio, todo lo que ha perdido.

El disco continuará en esa línea, como si fuera el vago recuerdo de un crucero que surca un mar claro a un ritmo constante, dentro del cual cada día hay una fiesta, llena de pasajeros engolados y decadentes, junto a una tripulación que saluda con sonrisa blanca y celebra siempre la misma fiesta, en la que suena Avalon de Roxy Music y This must be the place de Talking Heads, con su funky blanco, al que la voz de Pedro Arranz da ese toque castizo, tan característico.

En estas vacaciones en el mar, Cómo vivir en el campo declaran: “mátame o llévame de verbena”. En mitad de este viaje de placer, la mayor sorpresa es la aparición de la extraordinaria Malbaratada, uno de los mejores singles de la banda, con una letra críptica, cantada en femenino y en un castellano de otros tiempos, que suena a las memorias nostálgicas de una famosa prostituta o una vieja cupletera, que responde a las críticas con sarcasmo, como si fuera una versión cañí de la Norman Desmond de El crepúsculo de los Dioses, mientras suenan los metales de Jordan Hoffman, que encajan como anillo al dedo.

La partida es otra canción de línea clara, guitarras cristalinas y amor a raudales, con frases de las que se susurran al oído (“desde el mes pasado te adivino el secreto que hay detrás del frío”) mientras se eleva una línea de hammond que recuerda a Felt. La cara A del disco se cierra con Refugio de martes, provista de una sorna chulesca y una pretensión somnífera, que encadena aliteraciones chisposas como ese “vuelve a la cama Robinsón, sube a la rama, silva la nana, vente a la cama camarón”.

Caudal arranca la segunda parte, y retoma el contoneo bailón, de bola de espejos, confeti empapado de champán y coros góspel, mientras se recita suave un poema lúbrico de perdedor en el amor (“Si tu cintura era de hierro, la mía era miga de pan”). En Bodas, el baile ha terminado y es el momento de la borrachera y el ensueño (“Yo, que siempre fingí para no arder por amor”).

De búho a alondra tontea con la caja de ritmos como lo harían Destroyer: jugando a ser un crooner de karaoke al final de una larga noche, con una camisa satinada y una americana barata; a la mañana siguiente, moja la magdalena en el café, para tratar de vencer la resaca o desatar la tormenta proustiana. Rubí vuelve a las guitarras de terciopelo que suenan a radiofórmula de los ochenta, con ecos de Phil Manzanera. Cierra el disco la crepuscular e instrumental Razón de amor Nº3, y con ella, el barco nos devuelve de nuevo a puerto, sin grandes espasmos ni estridencias, después de haber vivido una Noche Vieja en cada puerto.

Después de esto, toca volver a casa subiendo por la calle Montera, tratando de adivinar si realmente existió ese barco o solo fue otro bar del centro, donde hemos bebido demasiado, soñado que éramos Baudelaire, y donde una nueva oportunidad para el amor ha vuelto a pasar de largo.

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