Uno siempre se deja algún libro en el tintero con el trasiego del año pero, aunque sea en la prórroga, vale la pena rescatar alguna joya que corría peligro de quedar olvidada. Es el caso de este singular Cómo Funciona la Música que nos trae Reservoir Books, mitad crónica personal, mitad historia-ensayo sobre la música, de la mano de un profesor y artista de excepción, el músico escocés David Byrne.

Voy a ser completamente sincero. Mis conocimientos sobre Byrne son muy muy escasos. Nunca he sido fan de los Talking Heads —manías de cada uno, su voz me irrita— y, seguramente por mis propios prejuicios, tengo al artista y su banda más conocida como un ejemplo de banda snob y pedante. Ya desde este segundo párrafo pido disculpas. Con esta obra, Byrne me ha dado toda una lección. Ahora tengo casi 40 años de carrera que revisitar, pero después de esta lectura, se hará con la mejor de las disposiciones posibles.

Y es que Byrne, en la que es su segunda incursión como escritor —tras Diarios de Bicicleta, también publicado por Random House en nuestro país— logra la cuadratura del círculo. Elaborar un libro que, pese a calificarse de divulgativo o didáctico, en su mayor parte, está en las antípodas del tedio o la linealidad habitual que solemos encontrarnos en estos volúmenes. Os aseguro que si fuera vuestro maestro, le tendríais más aprecio que al malogrado Robin Williams de El Club de los Poetas Muertos.

Siguiendo con la analogía educativa, este Cómo funciona la música sería el peculiar manual de texto de una asignatura —desgraciadamente imaginaria, ¿verdad señor Wert?— llamada Introducción a la música o a la creación musical y se compone de once capítulos —más los pertinentes prefacio, apéndice y agradecimientos— en los que se expone prácticamente todo lo que tiene que ver con la más hermosa de las siete artes. Tenemos un capítulo dedicado a lo que podríamos calificar como historia de la música y su evolución, que según Byrne, es una constante adaptación a los medios técnicos y físicos de los que se dispone. Un par a la tecnología, analógica versus digital —efectivamente, vinilo contra CD y otras lindezas, pero cuidado, Byrne tiene pros y contras para todos los “eternos sonidos de mierda”—. Uno centrado en el estudio de grabación, otro para finanzas -desglosado con tipos de contratos y repartos de beneficios inclusive-, y varios para, salpicados, con su propia y longeva trayectoria, hablar de la carrera del músico y sus incidencias varias —ser parte de una escena, colaboraciones, el amateurismo o la profesionalidad, el papel de un artista en la explosión de una moda o tendencia…—. Completísimo y apasionante, explicado con voluntad tanto didáctica como, sobre todo, amena..

A excepción del último capítulo, Harmonia Mundi, en mi opinión, más espeso y etéreo que el resto, donde se intenta desentrañar el origen y la aparente necesidad del ser humano por la música, el libro de Byrne se devora. El músico escocés consigue hablar al lector de la música como experiencia, como proceso en el que la creación individual está íntimamente vinculada a condicionantes externos, desde los espacios físicos en los que está se interpreta —brillante la exposición de por qué es mejor un cuchitril subterráneo que el legendario Carnegie Hall—, pasando por los formatos de audio. Decenas de debates asoman por estas páginas: sobre el papel de la composición musical, sobre la “calidad” de lo que oímos y sobre cómo escuchamos, sobre las descargas, sobre el músico como profesión y su relación con la industria y el público. Byrne no impone sus puntos de vista. Apunta, disecciona y, en ocasiones nos cuenta su propia experiencia. Y deja al lector con la sensación de haberle abierto una especie de “caja de pandora” sobre la música y, por ende, y esta es la mayor revelación, sobre uno mismo. No quiero destripar nada más. Leed por favor, Cómo Funciona la Música es una asignatura obligatoria. ABSOLUTAMENTE IMPRESCINDIBLE.