¿Fabricada para ganar el Oscar?

¿Qué es una película de Óscar? Está claro que los premios de la Academia no siempre han favorecido a la mejor película de su correspondiente año, algo que tampoco debería sorprendernos, ya que, probablemente, no nos pondríamos de acuerdo sobre qué película merece tal reconocimiento. Dicho esto, debo decir que, personalmente, creo que Coda no merece una nominación a la mejor película del año. Pero tampoco sabría definir exactamente por qué. No estamos ante una cinta deficiente, bajo ningún concepto, y sí ante una historia que seguramente gustará a un público amplio. Conviene saber, quizás, que se trata de un remake de una película francesa, La familia Bélier (2014), y digo esto porque el país galo ha hecho industria con éxitos de taquilla que se apoyan en comedias dramáticas que abordan algún problema social y que garantizan una sonrisa (y tal vez una lágrima) al salir de la sala. Una feel good movie

Coda cumple con esos requisitos. Quizás demasiado bien. Para mí su gran pecado es acumular temas para ‘complacer’ al espectador: una discapacidad, una chica que sufre acoso, una historia de amor, una reivindicación social y un sueño, el de cantar. Todo eso en una sola película, qué queréis que os diga, puede producir empacho. Ruby (Emilia Jones) es una joven que vive en el seno de una familia con una discapacidad auditiva, lo que la aleja de la sociedad, provoca las burlas de sus compañeros de instituto, convierte en inalcanzable al chico que le gusta de la clase y hace que cantar sea su único alivio en una vida de sacrificio que la obliga a hacer de intérprete de su familia y encima, a faenar en el barco pesquero familiar, que económicamente ha dejado ser viable.

Hay aquí cinco o seis películas, cuando la experiencia de crecer en una familia con esa discapacidad me parece dramáticamente más que suficiente. Siempre he pensado que en el cine, menos es más. Casi siempre. Así, en Coda asistiremos a varios clichés de las películas con historias de superación: como la presencia de un mentor o, en este caso, un profesor de canto, divertido y carismático que dice las verdades de la vida -un histriónico Eugenio Derbez, famoso actor y director mexicano-; la ternura del primer amor en un relato coming of age; y un clímax emocionante, en el que escuchamos a la posible futura artista dándolo todo sobre el escenario.

Todo esto no quiere decir que la película esté mal: tiene varias cosas a su favor. La primera es su actriz protagonista, Emilia Jones, con carisma de estrella y una voz que emociona. Luego está la familia con discapacidad auditiva, interpretados por los estupendos Marlee Matlin y Troy Kotsur -éste último nominado al Oscar-, actores que realmente tienen esa discapacidad y que dan vida a unos padres excéntricos que, a pesar de protagonizar chistes de humor grueso, tienen momentos bastante emotivos. Me gustaría destacar especialmente la interpretación de la madre: conflictiva, interesante y humana. La película tiene también momentos afortunados, como ese concierto desde la perspectiva del padre de Ruby, o su intento de descubrir si su hija canta realmente bien.

Dirigida eficazmente por Sian HederCoda, que triunfó en el festival de Sundance, puede ser la ganadora del Oscar, pero ¿Lo merece?