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Hellboy: el diablo probablemente

Autor: | @JorgeABertran

El inglés Neil Marshall es el encargado de resucitar a Hellboy, personaje creado por el artista Mike Mignola para la editorial de cómics Dark Horse, que ya ha sido llevado al cine en dos ocasiones, por Guillermo del Toro. La diferencia entre las dos cintas anteriores y este nuevo reinicio es equiparable a las personalidades de dos realizadores muy diferentes, a pesar de ser ambos apreciables cultivadores del género Fantástico. Mientras el mexicano busca la poesía en la fantasía y la imaginación, Marshall cultiva una estética burra de violencia de videojuego, explosiones de sangre y acción a ritmo de rock pesado. Ninguno de los dos, sin embargo, renuncia a su personalidad, pero quizás Marshal se mantiene más cerca del espíritu aventurero y pulp de los tebeos originales, que bebían de Lovecraft, del ocultismo de los nazis, de las leyendas y el folclore.

Este Hellboy ahora lo encarna David Harbour -lo conocéis por Stranger Things– competente, divertido, pero menos hábil en expresar emociones a través de la máscara que Ron Perlman -cuyo rostro necesitaba menos látex-. Aquí el (súper)héroe se enfrenta a un argumento demencial -en el buen sentido- que acumula situaciones y enemigos mezclando fantasmas, gigantes, brujas -estupenda Milla Jovovich, soy fan- licántropos, leyendas artúricas, y por supuesto, demonios salidos del Infierno. Todo enhebrado con mucho humor, acción y efectos especiales digitales, cuando Del Toro apostaba por los efectos prácticos, los tradicionales. Esta Hellboy por tanto, es menos bonita que la del mexicano, pero más dinámica en las peleas y las secuencias de acción. Este Hellboy es de ‘serie B’ -en el buen sentido- y lo que pierde en belleza plástica y sentido de la maravilla con respecto a las versiones de Del Toro, lo gana en desenfado y diversión descerebrada. Lo que se mantiene siempre, tanto en los cómics como en las versiones cinematográfica, es la humanidad que tiene el personaje debido a su naturaleza monstruosa, lo que le convierte en un marginado con el que resulta imposible no simpatizar.

Marshall debutó nada menos que con una película de hombres lobo –Dog Soldiers (2002)- para luego proponerse como una voz prometedora en el cine de terror con The Descent (2005). Solo que enseguida demostró estar más interesado en el pastiche, en el exploit de subgéneros, con películas tan extrañas como divertidas, como son Doomsday (2008) y Centurión (2010). Estas dos últimas comparten con Hellboy un argumento imparable, que avanza saltando de una cosa a otra casi, sin continuidad y con la sola pretensión de entretener. Lo consigue, pero aquí le habría venido bien a Marshall -que no firma el guión- preocuparse un pelín más de sus personajes. Por último, aclaremos que la versión que he visto es la ‘censurada’, de la que habrían suprimido una buena cantidad de sangre y gore. Imposible opinar al respecto sin haber visto las dos versiones, pero sí se puede decir que en Neil Marshall la violencia y la sangre son una cuestión de estilo. Solo hay que ver la de hemoglobina y decapitaciones que hay en sus películas anteriores, o incluso en los dos episodios de Juego de Tronos dirigidos por él, Blackwater y The Watchers on the Wall, de los mejores de la serie, por cierto.

 

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