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Godzilla: Rey de los monstruos – Kaiju Eiga digital

Autor: | @JorgeABertran

Seguramente habréis oído hablar estos días de lo fantástica que es la miniserie de Sky y HBO, Chernobyl. Pero quizás, a pesar de su gran calidad, su durísimo tema basado en hechos reales y su rigor empeñado en evitar excesos dramáticos, ha mantenido a muchos alejados de la ficción sobre el devastador accidente en la central nuclear soviética. Muchas veces, para abordar esas realidades que no queremos enfrentar, los autores se valen de géneros como el terror o la ciencia ficción. Es el caso de Godzilla, titulada en España Japón bajo el terror del monstruo, que en 1954 expresaba los muy presentes fantasmas de Hiroshima y Nagasaki a través de la fantasía de un dinosaurio gigante radioactivo, muy similar a la estadounidense, La bestia de los tiempos remotos (1953), pero cambiando el maravilloso stop motion de Ray Harryhausen por un actor en un traje para recrear al monstruo que caminaba, a cámara lenta, sobre cuidadas maquetas de las ciudades que destruía. Aquella película en blanco y negro tenía un ritmo de pesadilla que transmitía un mensaje muy similar al de Chernobyl. La cinta dirigida por Ishiro Honda -ayudante habitual de Akira Kurosawa– transformaba la monster movie en un nuevo subgénero japonés, el kaiju eiga. Luego vendrían una veintena de películas en las que GodzillaGojira en el original- pasaría de amenaza a defensor de la Tierra, amigo de los niños, y enemigo de toda clase de monstruos, incluido un enfrentamiento con un King Kong irreconocible. Con el paso de los años y de las décadas, Godzilla decayó y renació en varias series de películas en Japón, conoció el remake en Estados Unidos en 1999, simpático pero insatisfactorio, y ha vuelto recientemente a nuestras pantallas en una versión actualizada, Shin Godzilla (2016).

Pero estaba la asignatura pendiente, para Hollywood, de aprovechar el potencial del kaiju eiga para fabricar un blockbuster con la capacidad de arrasar en las taquillas como lo hacen estos monstruos gigantes en las ciudades de las pantallas. Ahí están intentos tan estimables como Monstruoso (2008) o Pacific Rim (2013) y sus secuelas. Pero la idea más ambiciosa es el proyecto de crear un universo compartido a imagen de lo que ha hecho la exitosa Marvel Studios con sus superhéroes. La primera piedra es Godzilla (2014), film tan interesante como alejado de lo que podríamos esperar del cine comercial. Su director, Gareth EdwardsMonsters (2010) y Rogue One (2016)- antepuso a la acción una especie de estética de la catástrofe y el colosalismo, con secuencias tan hermosas como el descenso de los paracaidistas arropado por el réquiem de Ligeti. En la película, los monstruos son como dioses, o como la fuerza de la naturaleza, que luchan ajenos a los humanos, que corren como hormigas para salvar la vida. Luego llegaría Kong: La isla Calavera (2017), mucho más divertida y pulp, también enmarcada en el mismo universo de ficción.

Godzilla: Rey de los Monstruos es por tanto la tercera pata de esta franquicia. Parte de una premisa ganadora, llevar al terreno de los espectaculares efectos especiales de 2019 las batallas de monstruos -actores disfrazados- de las películas japonesas de los años sesenta. Para ello se elige a las bestias más conocidas de la Toho japonesa: Rodán, Mothra y el gran villano Gidorah. Se ficha a un director de sensibilidad Amblin, como Michael Dougherty -las recomendables Truco o Trato (2007) y Krampus (2015)- por lo que el éxito parece asegurado. Error. La película vuelve a cometer el pecado que, en realidad, cometen todas las películas de Godzilla: la historia que implica a los humanos enfrentados al desastre, no funciona. La razón me parece sencilla: se prescinde de los personajes, que no son más que meros vehículos para que la trama avance. Aquí, la familia protagonista sufre una pérdida emocional al inicio del relato, que es lo que los empuja a luchar. Pero nada más. No tienen rasgos que los humanicen ni los hagan memorables. El resto de secundarios se definen por sus profesiones: científicos, militares, terroristas. Para paliar la ausencia de personajes trabajados, el casting incluye actores queridos por el fan del género fantástico: Vera Farmiga de Expediente Warren, Kyle Chandler de Súper 8, Millie Bobby Brown de Stranger Things o Charles Dance de Juego de Tronos, entre otros. Es verdad que la ausencia de personajes con chicha permite que la historia avance rápido hacia lo que queremos ver: los monstruos. Pero aunque ágil, la cosa no tiene interés y se hace lenta y, sorpresa, encima la película es larga. En dos horas y diez minutos había tiempo para crear personajes que humanicen el relato y lo hagan más emotivo. Un mensaje -conservador- que nos dice que solo la familia unida puede evitar el fin del mundo y una coartada ecológica no son suficientes para una buena historia. Además, falta humor. Así, lo mejor de la película son, claro, los monstruos. Sus apariciones, hermosas y destructivas, tienen verdadero sentido de la maravilla. Las apocalípticas luchas entre las bestias son espectaculares. Pero no hay nada más, en un film que solo sirve de preparación para la futura Godzilla vs. Kong (2020).

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