9.0
Score

Final Verdict

Este álbum es una gozada. Es un relato musical servido en catorce episodios. Pura esencia del blues.

De primeras, cortita y al pie. Este álbum es una gozada. Es un relato musical servido en catorce episodios. Pura esencia del blues. Voz, armónica, guitarras, más la batería de RickyQuicksandMartin y el contrabajo de Barry Bays. Qué más se puede pedir. Tal vez, Charlie Musselwhite (1944) suponga una referencia cercana, debido a dos exitosos encuentros con Ben Harper, plasmados en “Get Up” (2013) –Grammy incluido–, aquí juntos, y “No Mercy in This Land” (2018). Lo cierto es que el músico sureño viene de mucho más atrás. De tan lejos que se hacía llamar Charley Musselwhite’s South Side Band y su primer elepé “Stand Back! Here Comes Charley Musselwhite’s South Side Band” (1968) fue un éxito en la escena del blues de Chicago.

El álbum, grabado en el Profundo Sur, en Clarksdale, Mississippi, y epicentro legendario del blues más primigenio, donde actualmente reside el músico con su esposa, la fotógrafa y productora musical, Henri Musselwhite, presenta ocho temas originales y seis versiones que suponen una retrospectiva de la vida de este respetado y experimentado bluesman. Con las primeras notas de la canción que abre el disco, “Blues Up The River, un original del armonicista se destapa  como un guitarrista curtido y se reafirma en el título: hijo del Mississippi. Río que atraviesa de manera transversal el Medio Oeste y buena parte del Sur de Estados Unidos. Musselwhite traza un magnífico punto de partida. Le sigue “Hobo Blues” de Yank Rachell, un pionero del country blues. A manera de recitado, el músico incide en esa complicidad, en “The Dark”, de Guy Clark, mostrando la íntima conexión entre ambos géneros.

Otros temas propios son “In Your Darkest Hour” y “Stingaree”, en que Musselwhite cuela tonalidades del swamp blues, de la mano de Slim Harpo y Muddy Waters. El músico, nacido en Mississippi, criado en Memphis y crecido y educado en Chicago, homenajea en “Remembering Big Joe”, un precioso blues original, con el solo acompañamiento de la guitarra acústica, a un grande del género, Big Joe Williams. Como trío sigue la senda clásica de un estándar como “Crawling King Snake”, que el mismo Williams popularizó, cosa que también hizo John Lee Hooker, que puso el blues en el centro del rock and roll más ambicioso –aquel que se entusiasmaba con las músicas negras en los años sesenta–, y amigo íntimo de Musselwhite. Una pieza central del álbum es “Pea Vine Blues”, cuya autoría es de otro hito del género, Charley Patton. Una canción sugerente y saltarina que se balancea como un gran y viejo vagón de ferrocarril. Martin a las baquetas marca los tiempos y Bays alumbra los recovecos del swing de la armónica y la guitarra de Musselwhite.

El blues como opción de vida sube el voltaje en tres composiciones propias que forman un tríptico autobiográfico. En “Blues Gave Me a Ride”, Musselwhite se luce con la voz, la guitarra y la armónica de la manera más sencilla; por tanto, la más difícil, aposentándose en la raíz añeja del blues. Igual pasa en “My Road Lies in Darkness”, en que cambia la eléctrica por la acústica. De nuevo el músico vuelve a la eléctrica y saca a pasear esa solera tan chula y señorial de los bluesmen que se saben maestros al más puro estilo Chicago en “Drifting From Town to Town”, con el soporte rítmico de la batería de Martin. Una delicia tan sobria como cautivadora.

El vinilo concluye con dos temas emblemáticos, que hasta cierto punto son bandera de la memoria colectiva. En “Rank Strangers” se antoja un lamento bluegrass que popularizó el dúo The Stanley Brothers, a quienes el músico sureño ya admiraba de joven, y que aquí se escora hacia el blues, solo con su voz y su guitarra acústica. Con el mismo soporte instrumental resulta admirable como lleva al terreno del blues un góspel tan sentido como “A Voice Foretold”, de Lee Breuer y Bob Telson, que forma parte de la obra “The Gospel at Colonus” (1983). El armonicista lo ha interpretado en diversas ocasiones en compañía del laureado quinteto vocal The Blind Boy of Alabama. El final de este intenso viaje, en el que se esconden penas, alegrías, mentiras y esperanzas, lo encontramos en la foto del cuadernillo del cedé, en la serena y nítida sonrisa de Charlie Musselwhite que agarra con fuerza su Gibson acústica, y que parece decir !hasta la próxima! Uno de los mejores álbumes de blues en años.