Después de tanto tiempo sin pisar una sala como fotógrafo (por supuesto, por culpa del covid), cualquier excusa era buena para volver. Un amigo puso en Instagram una historia con música de Charlie Cunningham y, casi a la vez, recibí un correo en el que me informaban de su gira por España. Lo escuché y decidí que era perfecto para volver, con calma, a disfrutar de la música en directo.

Aunque reconozco que no conocía a Cunningham, leí que estuvo en dos o tres ocasiones en Madrid (una de ellas en la sala Costello, que tristemente ha cerrado sus puertas) y, por lo visto, sus actuaciones fueron muy similares a la que pudimos vivir el pasado jueves en el siempre acogedor Teatro Lara. No tiene el inglés un amplio repertorio, pero las canciones que conforman sus dos elepés y sus cuatro EPs son todas de calidad y le permiten fácilmente ofrecer casi hora y media de cuidadas melodías y letras introspectivas que encandilaron a un público que prácticamente llenaba el Lara.

Charlie Cunningham vivió varios años en Sevilla y su música mezcla el folk-pop con el flamenco, especialmente en su manera de tocar la guitarra, que utiliza también como instrumento de percusión. La fusión resulta muy interesante y funciona muy bien en todas las canciones, aunque tampoco abusa de ella. Repasó todos sus discos, empezando por algunos de sus sencillos como Minimum o Bite, y siguiendo con temas como HeadlightsAn Opening o Lights Off. El sonido fue especialmente bueno y, por suerte, el público fue respetuoso (parece mentira, pero no sonó ningún móvil). Se separó de su repertorio habitual con Long Grass, de su segundo EP, de la que comentó que hacía al menos cinco años que no la tocaba.

Los numerosos aplausos tras el último tema hicieron que volviera a salir al escenario del Lara (la verdad es que en el setlist que tenía junto a su silla figuraban las canciones que interpretó como bises) y, como la gente pedía más canciones, dijo que sólo iba a tocar tres temas, pero “I’ll play very slowly”. Cerraron el concierto Permanent WayStuck y You Sigh, y prometió que volvería a Madrid con banda. Seguro que sus seguidores se lo agradecerán, aunque el formato en solitario le sienta de maravilla a sus canciones. Por cierto: a la salida, los de Gures nos obsequiaron con una botellita-chupito de su excelente orujo gallego, que se agradeció especialmente ahora que empieza a refrescar por la noche en Madrid.

Fotos: Adolfo Añino