Os dije que este 2024 venía con varias efemérides de postín de las que ocuparnos. Tras Kafka y Córtazar, es la hora de un autor muy especial para quien escribe, James Baldwin. Con motivo del centenario de su nacimiento, Sexto Piso y Capitán Swing recuperan El cuarto de Giovanni y La próxima vez el fuego. Una feliz excusa para reencontrarse, por partida doble, con una de las grandes plumas de las letras estadounidenses. Además, desde registros totalmente distintos, con una novela y un ensayo, que nos muestran al escritor y activista de Harlem abordando sus temas fundamentales: racismo, identidad, desigualdad, religión, homosexualidad… 

Cuestiones que, a mediados del siglo XX eran directamente incendiarias y lo convirtieron en un prosista pionero, osado, radical y, a la vez, profundamente humanista. Y pronto en figura referencial en la lucha por los derechos civiles —en ese sentido, no os perdáis el documental I Am Not Your Negro (2016)—. Décadas después de su muerte, —falleció en 1987 en Saint Paul de Vence, Francia—, Baldwin ha tenido una reivindicación póstuma, como una suerte de «padre» del movimiento Black Lives Matter. Porque con el retorno de los retrógrados, la obra y pensamiento de James Baldwin vuelve a ser necesaria. 

El cuarto de Giovanni, James Baldwin (Sexto Piso, 2024)

Como el caso de esta novela, cuyo manuscrito original no sólo fue rechazado, sino que su editor aconsejó su quema. Y es que data de 1956, mucho antes de que los disturbios de Stonewall propulsasen los movimientos de liberación gay. Con claros elementos autobiográficos, en ella Baldwin describió, con su proverbial empatía y hondura, la historia de David, un joven yanqui en el París bohemio de los cincuenta en busca de sí mismo —o alejarse de un lugar que no puede llamar hogar—. Le ha propuesto matrimonio a su novia Hella. Pero mientras aguarda su regreso y respuesta, conoce al Giovanni titular, despertando su verdadera naturaleza homosexual con una aventura tan intensa como condenada… y trágica. 

Un autor negro diseccionando una relación gay blanca, por la que asoman un triángulo amoroso que implica bisexualidad, así como una radiografía de las tremendas presiones socioculturales asociadas a la identidad sexual. Por tanto, no es de extrañar el escándalo suscitado entonces. Ni que hoy se la considere obra clave de la literatura queer. Por fortuna, El cuarto de Giovanni destaca no solo como novela adelantada a su tiempo. Sino que condensa tanto el genio narrativo como el alcance de la mirada de James Baldwin, deparando no pocos hallazgos en su comedido número de páginas, traducidas con mimo por Ismael Attrache

Por ejemplo, la magnífica descripción de ese París «alternativo», sin atisbo de glamour, reflejando una decadencia por la que asoman la pobreza y la clase social —claves en el affaire y los posteriores pasos que tomará Giovanni—. Igual que el personaje de Hella, que uno imaginaba subyugado a la figura de David pero, no obstante, revelado en las antípodas de la mujer pasiva. O, ya en el plano puramente literario, con la sabiduría de Baldwin en las sutilezas de esas conversaciones de bar, contrastando al timorato e irresistiblemente seducido David frente a la joie de vivre de Giovanni. En ese paso de la pasión a la incertidumbre. O la angustia de la cuenta atrás —no hay dilema, sí consecuencias— confinada en esas cuatro paredes. Y la demoledora potencia de su final. Magistral.

La próxima vez el fuego, James Baldwin (Capitán Swing, 2024)

De lo literario a lo ensayístico con una obra que, pese a su corta extensión, no ha dejado de leerse y vindicarse —delatando lo que sucede, aún hoy, en el país— como una acerada e íntima reflexión sobre la cuestión racial y Estados Unidos. La próxima vez el fuego se publicó por primera vez en 1963. Año del centenario de la Proclamación de Emancipación por parte de Abraham Lincoln, en plena guerra civil. Y también el de la histórica Marcha sobre Washington, en la que Martin Luther King dio su discurso «I have a dream». Un apasionado alegato —traducido por Paula Zumalacárregui— sobre los orígenes, consecuencias y la necesidad de transformación radical de la sociedad y sus estructuras de poder —blancas, claro—. 

La próxima vez el fuego se divide en dos textos, que Baldwin califica de misivas abiertas. El primero, «Tembló mi celda. Carta a mi sobrino en el centésimo aniversario de la emancipación» es una sucinta reflexión disfrazada de recomendaciones a su joven pariente. Una coartada de apariencia amable a través de la cual sitúa las viciadas coordenadas del racismo en Estados Unidos. En realidad, un afilado análisis de la condición de todo afroamericano en un territorio que tiene enraizada la discriminación y la marginación de parte de su sociedad, por lo que cualquier atisbo de cambio implica sacudir los cimientos de la nación. Pese al pesimismo, Baldwin se resiste a resignarse, llamando a los jóvenes a conocer y no dejarse someter. 

Y luego tenemos «A los pies de la cruz. Carta desde una región de mi mente». Un escrito con mayor densidad y, de nuevo, mucho de autobiografía, de confesión volcada al papel. En ella, Baldwin vuelve a ahondar en la génesis del racismo —atentos a sus reflexiones sobre el concepto de «negritud» y la propia palabra «negro»—, pero aportando un prisma espiritual al razonamiento. Uno basado en su propia experiencia, cuando de adolescente escapó de un escenario nada halagüeño gracias a la iglesia católica… Hasta que entendió que las mismas lacerantes diferencias y amenazas de violencia se replicaban dentro de ella —el Cielo es solo otro gueto—. Ahí radica el núcleo del ensayo. El racismo es una cuestión de clase

La discriminación como instrumento de quienes detentan el poder, para que los blancos deshumanicen y proyecten en los afroamericanos sus propios traumas y temores —epicentro de la estrategia fascista—. Y ante la que no cabe crear una nación dentro de otra, como defendía Elijah Muhammad, líder de la Nación del Islam. Al detallar sus decisivas diferencias respecto a ese movimiento, que considera vengativo, Baldwin ofrece otro camino. Tortuoso, siniestro, casi imposible. Pero valioso y humanista. Enfrentarse a las instituciones opresoras —raza, religión y nación—, mediante la resiliencia compartida entre negros y blancos como única forma de avanzar. Esa conciencia, lúcida, valiente y compasiva, está presente en toda la obra de James Baldwin. Por eso siempre es buen momento para leerle.