Las canciones destello

Nunca me pierdo un directo de Cass McCombs, pude hablaros aquí de su anterior visita. Y es que siempre es un placer ver al californiano porque sus conciertos son un soplo de cancines íntimas y vibrantes momentos vitales. En su estilo prima el destello de sus canciones, la composición busca una aparente sencillez, dotada de matices vitales y escarba en la larga tradición de la canción de autor, en ese estilo americano que recoge folk, rock y raíces. McCombs tiene un buen puñado de seguidores, pero es una lástima que un autor tan personal, tan brillante, no tenga mayor seguimiento y repercusión.

El concierto de la otra noche en el Teatro Lara de Madrid sirvió para presentar las canciones de su último disco, ‘Heartland (Anti, 2022), editado el pasado mes de agosto, y del que interpretó cuatro canciones. Entre ellas, la dulce “A Blue, Blue Band” que destila un soft pop delicioso, el brío de pop luminoso que contienen “Karaoke” o “New Earth” -una canción pospandémica que aporta mucha luz-, y la magnífica canción anti héroe “Unproud Warrior”, en la que se deja llevar por un toque jazzy-soul en sus atmósferas y un leve deje de devastación. La banda en todo momento discurría en perfecta armonía pero éste fue un momento de apogeo.

En formato trío, su formato habitual, Cass McCombs funciona a la perfección porque aunque un segundo guitarra aportaría más matices, el propio McCombs sabe aportar riffs, incorporar melodías y luego proceder a solos y otros arpegios. Es súper eficaz en crear texturas y capas que enriquecen sus canciones y que le proporcionan profundidad. Le acompañan un bajo preciso que aporta hondura y elasticidad, y un virtuoso batería, distintos músicos que en su gira de 2019.

Sonaron espléndidos clásicos como “Bum Bum Bum”, “Brighter!” o “Big Wheel”. De su primer disco recuperó “What Isn’t Nature” en el que su forma de cantar (que quiere expandirse) y la misma composición me traen a Jeff Buckley por el agarre emotivo que desprende. Pero luego en canciones como “Bobby, King of Boys Town” tiene algo de ese pop desenfadado y jueguetón de Hefner, o en “Dream-Come-True-Girl” parece un Lou Reed en estado de gracia en una canción que se alarga, llega a su apogeo de distorsión y baterías, y en otro momento parece que replica el “Walk on the Wild Side”. Aunque recuperó también una combinación de toda su larga carrera desde 2003.

Un repertorio que incluyó destellos de guitarra con momentos más íntimos y paisajes oscuros en un escenario ideal para verle como es el Teatro Lara. Un sonido de lujo que hizo que la experiencia llegase a su máximo esplendor. Final en lo alto con “That’s That”, con su voz moviéndose y conectando con muchas sensaciones. Con artistas como Cass McCombs lo aparentemente sobrio desprende sustancia, porque lo recibido es total, un regalo musical para tus oídos.

Fotos: Adolfo Añino