El primer cine chanante

Hay que reconocer que la idea de convertir en película una serie como Camera Café (2002-2009) no parecía una buena sobre el papel. El rasgo más distintivo de aquella tira diaria era ese plano único desde la cámara de una máquina de café delante de la cual se producían situaciones mínimas de humor costumbrista con las que cualquier currito español podía verse reflejado. ¿Cómo convertir eso en un largometraje de 90 minutos? La respuesta ha resultado ser bastante sencilla: hacer algo completamente diferente.

Arturo Valls, productor de cine -la muy reivindicable Los del túnel (2016)- tuvo la mejor idea del mundo al confiarle la dirección al ‘debutante’ Ernesto Sevilla, que colabora en el guión con Joaquín Reyes y Miguel Esteban, los tres viejos conocidos de La Hora Chanante (2002), Muchachada Nui (2007), Museo Coconut (2010) y Capítulo 0 (2018), por lo que el resultado es tanto la versión en cine de Camera Café como la primera película Chanante. Así, aunque se conservan los personajes de indudable carisma de la serie, estamos ante un material bastante diferente gracias a un despliegue visual que me resulta fabuloso: la historia es una sucesión de sketches y en todos hay ideas, movimientos de cámara a lo Scorsese -no sorprende el oficio de Sevilla tras la cámara porque ya hizo sus pinitos en los títulos ya mencionados- efectos de sonido y músicas distintas que van creando diferentes atmósferas que juegan con los géneros cinematográficos dando como resultado una cinta única con la que es imposible aburrirse.

El humor va desde el costumbrismo de la serie original, pasando por la parodia, los cameos de famosos a los Torrente, el humor cartoon de Javier Fesser y hasta llegar a los límites más absurdos del post humor chanante gracias a un mecanismo argumental -la ingesta de una tarta cuyo ingrediente principal es el LSD- que permite fugas surrealistas y psicodélicas que rozan el universo de David Lynch. Una trama subterránea, por cierto, que recorre la película y que lleva a Camera Café del humor mainstream televisivo a terrenos contraculturales casi underground. Un cóctel tan variado que hará que queramos revisar la película una y otra vez: esta es de las que hay que tener en formato físico. De hecho, Camera Café puede darse el lujo de no aprovechar del todo ideas tan bonitas como la del globo amarillo con supuestos poderes mágicos, un artefacto argumental que parece salido del Woody Allen más fantasioso. 

Por último, quiero destacar el trabajo de los actores: Arturo Valls compone al ‘cuñado’ perfecto, pero también le imprime humanidad a su personaje. También están muy bien Carlos Chamarro y Esperanza Pedreño cuyos personajes adquieren algo de oscuridad, cuando eran más bien tiernos en la tele. Y soy fan de las nuevas incorporaciones como Javier Botet y Manuel Galiana -ese brote psicótico- e incluso de los personajes que se han mantenido sin cambios desde la serie, como los de Álex O’Dogherty y Ana Milán -estupendo su encuentro con los portugueses-. Camera café es una comedia fantástica, incluso si no te gustaba la serie, y una película que hay que apoyar en los cines. No esperéis a que se haga de culto.