Una historia de violencia

Afortunadamente, en nuestra vida en sociedad hemos desterrado (casi) por completo la violencia. Me refiero claro, a la realidad de un país europeo como el nuestro, en el que, por lo general, no solucionamos los conflictos utilizando la fuerza física o las armas. Pero bajo esa capa de civilización, la violencia sigue ahí. La vemos en los telediarios: padres que se pegan en un partido de fútbol infantil; peleas entre jóvenes a la salida de una discoteca; el aislado suceso criminal en un barrio degradado; por no hablar de los asesinatos machistas o la guerra en otros países. Hay otras sociedades -incluso en Europa- que conviven con la violencia diariamente: Cadejo blanco es una película cuya historia tiene lugar en Guatemala. Su protagonista, Sarita (Karen Martínez) es una joven de una familia humilde, que intenta vivir en la ilusión de la normalidad. La conocemos cuando sale de fiesta con su hermana y todo en su vida parece ordinario. Pero la violencia está muy cerca: el novio de la hermana pertenece a una Mara.

A partir de esta revelación, la película nos mostrará el descenso a los infiernos de Sarita, que intentará descubrir lo que le ha pasado a su hermana, lo que significa tener que adentrarse en el submundo criminal de su país. El director Justin Lerner, nacido en Pensilvania (Estados Unidos), acompaña con su cámara a Sarita para retratar un mundo que se rige por otras leyes: las de la selva, literalmente. La vida no significa nada y la muerte es gratis. La ley, la policía, brillan por su ausencia y las bandas criminales son la autoridad de facto, imponiendo sus propias reglas. Lerner hace una estupenda mezcla de realismo y estilización: nos muestra la vida en Guatemala con una autenticidad que parece documental, pero cuando en una discoteca un peligroso líder criminal se acerca a Sarita, el montaje le hace aparecer de la nada, como si fuera Drácula. La realidad del país sudamericano nos queda clara, pero Sarita protagoniza también una revenge movie. Los peligros a los que se enfrenta son reales, pero también hay personajes que recuerdan al Lobo de Caperucita, y momentos equivalentes al cuento de Blancanieves. Hay un leve tono fantástico que subyace en el relato de la película, cuyo título es una referencia a un ser parecido a un perro, de las leyendas guatemaltecas. 

Entre el realismo y un film de Scorsese, Lerner consigue en Cadejo blanco que su actriz principal pase de ser una niña a una mujer traumatizada por esa misma violencia. Esa Sarita que al principio no quería maquillarse siquiera, tendrá luego que limpiar la sangre de su rostro.