El Roto lleva mucho tiempo siendo, con diferencia, lo mejor de El País. Y semejante afirmación no la hago para apuntarme al socorrido argumento de que el nivel del periodismo en España ha bajado en picado -a fin de cuentas, nunca olvidemos que los ERE siempre los imponen los empresarios, no los trabajadores-, sino porque bajo ese seudónimo Andrés Rábago ha hecho más por honrar esta noble profesión que cualquiera de los equipos directivos de las cabeceras que cada día encontramos en nuestros quioscos.

Y es que probablemente El Roto sea, al menos para quien escribe, el mejor cronista social de nuestros tiempos. Y en éste A Cada Uno lo Suyo que nos trae Reservoir Books, tercera compilación de viñetas aparecidas en el diario nacional de más tirada, tras Viñetas para una crisis (2011) y Camarón que se duerme (se lo lleva la corriente de opinión) (2012), vuelve a ofrecernos otra certera dosis de lo que esperamos de él: un compendio de piezas minimalistas, visualmente austeras, en las que nada sobra o es accesorio. Incluso sabe prescindir del texto cuando cree que todo esta dicho con el dibujo -páginas 13, 15, 20, 50, no hace falta añadir nada más-. A veces sus viñetas son cáusticas, otras deprimentes, pero casi siempre demoledoras, reveladoras de esta España regida por criminales de traje, corbata y consejos de administración, y amparada por sus esbirros del hemiciclo del Congreso de los diputados.

Como bien anuncia el título de su libro, Rábago reparte para todos. Empresarios del Ibex-35 parapetados tras las poltronas de sus leyes del mercado y su falta de escrúpulos, políticos al servicio de sus propios bolsillos, completamente ajenos al mandato de los votantes, la monarquía, la iglesia, las instituciones monetarias… pero también nosotros, los ciudadanos, pasivos, cuando no temerosos, de alzar la voz ante esta sociedad profundamente injusta que hemos dejado levantar ante nuestras narices.

En ese sentido, el orden en que se han estructurado las viñetas no es baladí, y arroja una conclusión clara, una llamada a la acción si se prefiere, por parte del autor. El sistema pende de un hilo… que nosotros podemos cortar. “¿Quién habla de sueños? ¡Hablamos de despertar!“ sentencia en la penúltima viñeta para cerrar la obra con “Si no podemos cambiar de horizonte, cambiemos de perspectiva“. ¿Optimismo? Sí, pero sobre todo responsabilidad. La responsabilidad de forjar nuestro propio destino.

El Roto es sabio.