Burning: lo no contado

En Burning, ganadora del premio FIPRESCI en Cannes, lo no contado tiene tanto peso -o más- que lo que vemos. El coreano Lee Chang-dong nos presenta una historia en la que, francamente, ocurren pocas cosas en términos dramáticos. Pero si leemos detrás de las acciones cotidianas de los personajes, en segundo plano, encontraremos sentimientos de dolor, soledad y rabia. Tres personajes intervienen en la historia, inspirada en una novela del japonés Haruki Murakami. Hae-mi (Jeon Jong-seon) es una chica tan inocente como poco precavida, aparentemente frívola, pero que oculta una tristeza tremenda. Luego está Ben (Steven Yeun de The Walking Dead), un joven guapo y rico, cuyo comportamiento es un misterio y al que el protagonista compara con El Gran Gatsby. Este último es Jong-su (Yoo Ah-In) aspirante a escritor que, en lugar de crear, espera a que las historias vayan a él. Entre estos tres personajes se forma un triángulo en el que lo sospechado, crece en el espectador. Viendo Burning acabas dándote cuenta de que tienes un tenso thriller en la cabeza, con todo lo que sugiere la trama. Pocas veces se consigue esto en una película.

Solo hay tres estallidos emocionales en esta historia reposada. El primero, ni siquiera lo vemos: cuando el padre del protagonista ataca a un agente de la Ley. El segundo, un hermoso baile, en plano secuencia, ante el atardecer, de Hae-mi, que comienza como una danza de liberación y acaba como una expresión de soledad. Por último, un exabrupto violento, sorprendente, en el desenlace del film. Tres golpes que marcan una película que se divide en dos. Primero, la presentación de los personajes y de su entorno. Luego, el fantasmagórico deambular del protagonista, en busca de respuestas, en largas secuencias que hacen pensar en la magistral Vértigo (De entre los muertos) (1958). Como en una película de detectives, Jong-su encontrará las pistas de lo ocurrido, pero como en la vida real, nunca comprobaremos la veracidad de las mismas. De fondo, sobre este relato de la angustia existencial de tres personajes, escuchamos un discurso de Donald Trump, un telediario que habla de problemas económicos, la lejana voz de las consignas de la propaganda totalitaria de la otra Corea. En esta obra se adivina el resentimiento subterráneo de los menos privilegiados. Es visible la idea de la fuerza purificadora del fuego. Pero destaco, sobre todo, que esta película habla del poder de la ficción, que contamina una realidad engañosa. La clave para el protagonista, aspirante a escritor, es reconocer qué historias de las que le cuentan son reales y cuáles son falsas. Lo mismo que tiene que hacer el espectador de Burning, una gran película que exige nuestra participación activa.