Buñuel en el laberinto de las tortugas

Surrealismo animado

En 1933 Luis Buñuel rodó Las Hurdes, probablemente el único documental surrealista de la historia del cine. En esta obra, el autor aragonés de El ángel exterminador (1962) volcaba sus preocupaciones personales -la muerte, su anticlericalismo- con una clara intención de denuncia social (y política, claro). El cómic Buñuel en el laberinto de las tortugas de Fermín Solís -no dejéis de leerlo- se imaginaba el making of de Las Hurdes en un estupendo estudio sobre el director, sobre la época de aquel rodaje en España, justo antes de la Guerra Civil, y como homenaje al imaginario de Buñuel y a su poderosa y contradictoria personalidad. Mucho de lo bueno de esa novela gráfica lo encontramos en la adaptación animada llevada a cabo por Salvador Simó, que, alejándose de la obra original en las acciones concretas, y creando nuevas escenas más cinematográficas, se mantiene fiel al espíritu y las intenciones de Solís.

Nominada a 4 premios Goya, Buñuel en el laberinto de las tortugas indaga en los conflictos psicológicos del autor, en su problemática relación con su padre, en su vínculo emocional con su madre, en la presencia de la religión católica como parte de su educación y de su configuración como persona, pero también en su mencionado anticlericalismo. La película presenta a Buñuel como un rebelde, que lleva su postura hasta el extremo de volverse contra sus propios amigos y contra él mismo. En este sentido es importante destacar la figura de Ramón Acís (Fernando Ramos), personaje que aquí sirve como contrapunto del director, idealista defensor de la justicia y la libertad, en una lucha que enseguida iba a fracasar en el conflicto armado de 1936. No se puede ocultar que la película va justa en cuanto a la animación -nada que ver con Pixar, Disney, el anime japonés o incluso Klaus– pero es en las ideas, en los diálogos, en las intenciones, que este film brilla por encima de sus limitaciones técnicas. El escenario surrealista, fantasmagórico, de las Hurdes, potencia los conflictos dramáticos y si no se esconde que Buñuel falseó las imágenes y fue tremendamente cruel con los animales, tampoco se ignora que aquella gente vivía en unas condiciones penosas, similares a las de la Edad Media. El desenlace, con la Guerra Civil en ciernes, no podía ser optimista.