Cine y espectáculo

Si hay en la historia del cine grandes películas que se plantearon el reto de contarnos una historia dentro del reducido espacio de los vagones de un tren o con este medio de transporte como excusa, Bullet Train propone hacer lo propio a la máxima velocidad posible. Basada en la novela de Kotaro Isaka, la historia propone la reunión en un ‘tren bala’ de cinco asesinos a sueldo, todos detrás del mismo mcguffin.

Con esta premisa tenemos un film de acción trepidante dirigido por David Leitch, ex especialista y coordinador de escenas de riesgo, lo que puede explicar la casi total ausencia de trama. Lo que sí ofrece esta película es un buen número de peleas, estupendamente coreografiadas. Y nada más. Porque entre pelea y pelea, asistimos a una serie de escenas de diálogo entre los diversos personajes, creo que demasiado estáticas, que, al menos, intentan ser graciosas. El tono es el de una lectura superficial del cine de Tarantino o el de un derivado de las películas de gángsteres de Guy Ritchie. La historia no se complica y es un puro esqueleto de puntos de giro que, al menos, nos mantiene entretenidos. Los personajes son casi inexistentes y solo el carisma de los actores consigue que nos impliquemos con ellos: Brad Pitt ejerce de estrella, bien acompañado por Aaron Taylor-Johnson y Brian Tyree Henry, que funcionan de maravilla como pareja -cómica-. El reparto de secundarios tampoco tiene desperdicio y hay cameos sorpresa que mantienen viva la película.

Nada de esto, ni el estupendo diseño de producción, evitan que este tren descarrile -perdonad el chiste fácil- en un derroche de efectos digitales sin consistencia. La historia y los personajes acaban diluyéndose, y aunque el tono de partida no es realista -ni mucho menos- el clímax se resiente -a pesar de un villano interesante- porque estos personajes están sacados de un cartoon y son prácticamente inmortales. Los mejores momentos de Bullet Train provienen de su voluntad de mezclar historias y subgéneros; es mejor en sus relatos encapsulados -la historia del Lobo (Bad Bunny), la de la ‘Muerte blanca’ o la de una ¡Botella de agua! -, sus aislados momentos de gore -que, bien utilizados, podrían haber sido una marca de estilo-, y la voluntad del guión de que todo encaje -aunque sea para no contar nada-. Bullet Train acaba siendo puro envoltorio, pero para el que no quiera pedirle nada más a una película, es un espectáculo más que digno.