7.8
Score

Final Verdict

Built To Spill entregan un nuevo trabajo en el que los nuevos miembros de la banda aportan frescura, y algún que otro ingrediente más, a su indie-rock. Aunque eso sí, sus guitarras no pierden la fuerza que ha caracterizado su música desde los 90.

Por mucho que hablemos de Built To Spill como de una banda, hace ya unos cuantos años que no deja de ser el proyecto de Doug Martsch. Ya no solo porque es el único miembro fundador que queda, también porque, en un principio, se concibió así. La primera idea de Martsch era cambiar de formación con cada nuevo trabajo, pero al final, se tardó una década en hacer los primeros cambios. Aunque eso sí, desde 2012 sí que está cumpliendo su propósito. De hecho, no queda ni uno solo de los músicos que en 2015 grabaron ‘Untethered Moon’. Y hay que decir que, aunque parece un plan un tanto ególatra, sí que se puede llegar a entender las razones por las que quería hacerlo. Sobre todo, tras escuchar su último trabajo, donde hay algún cambio significativo que le da vida a su propuesta.

When the Wind Forgets Your Name’ es un disco en el que Martsch ha contado con la ayuda de Le Almeida y João Casaes, de la banda brasileña de jazz-rock Oruã. Junto a ellos, grabó y mezcló estas canciones antes de que empezara la pandemia. Y lo cierto es que se nota la influencia que han podido tener estos dos músicos en una propuesta como la de Built To Spill. El indie-rock característico de la banda se ha visto invadido por un toque de frescura que, cuando menos, resulta sorprendente. Solo hay que escuchar el ritmo cálido y juguetón que se sacan de la manda en “Rocksteady”; el órgano tan sumamente retro que aparece en “Elements”, o la luminosidad pop con la que encaran “Spiderweb”.

Evidentemente, Martsch no ha perdido algunos de los ingredientes que han caracterizado su música y que le convirtieron en un héroe del indie-rock. Las guitarras potentes siguen estando ahí en temas como “Gonna Lose” o “Never Alright”, pero también es cierto que esta nueva formación las utiliza de otra manera. Es más, en la primera, y en buena parte del álbum, se dejan llevar por un toque lo-fi que no aparecía en sus últimos trabajos. Y en la segunda, que casi parece un corte de Dinosaur Jr., sorprenden a mitad de canción con un pedal de guitarra que es capaz de llevarte a una playa hawaiana.

Lo que tampoco ha perdido es su afán por sonar a Neil Young más que el propio Neil Young. Algo que resulta evidente en cortes más reposados, como es el caso de “Understood” y “Alright”, que son una autentica delicia y que nos llevan directamente a la faceta más eléctrica del mítico artista canadiense. Incluso ese cierre final de más de ocho minutos -no puede haber un disco de Built To Spill sin su típico corte extenso-, donde también dejan ver un lado más psicodélico, se puede apreciar esa influencia. Y hacen bien, porque les sienta de maravilla a su música.