Bruce Springsteen: el último héroe del rock

Puede que esté muy visto hablar de la energía de Bruce Springsteen y comentar eso de que, a sus 74 años, sigue afrontando sus conciertos como si tuviera 20. Pero es que es la verdad, el de New Jersey es incombustible. Y lo volvió a demostrar en su tercera noche en el Estadio Civitas Metropolitano de Madrid. Aquí, durante tres horas, llevó a más de 50.000 personas a una época en la que solo se necesitaban buenas canciones, y una banda que supiera interpretarlas, para poner un estadio patas arriba. Así que sí se podría afirmar que estamos ante el último gran héroe del rock.

Un “Hola Madrid”, y los primeros acordes de “Lonesome Day”, el tema que ha elegido para abrir esta gira, hicieron rugir al público madrileño por primera vez. Pero, tras ella, llegó la primera sorpresa. Y es que, aunque lleva unas cuantas canciones fijas en su setlist, va cambiando alguna cada noche. Sobre todo, si se trata de la tercera velada en la misma ciudad y hay público que también ha asistido a las dos citas anteriores. Así, nos encontramos con una infalible “Cover Me” que nos llevó a ‘Born In The U.S.A.’, un disco que, a la postre, terminaría siendo el gran protagonista de la noche, ya que cayeron hasta siete temas de este clásico del rock.

Bruce Springsteen tiene muy bien diseñados sus conciertos para que su energía y, sobre todo, su voz, aguanten las tres horas de espectáculo. Así, entrega una primera parte cargada de temas potentes y de gran un poderío vocal -lo de “Trapped” fue increíble-. Además, demostrando que todas las etapas de su carrera funcionan en un estadio repleto de gente y con un sonido atronador. Ahí está esa “Ghosts” de su notable último trabajo, la cual sonó de lo más potente. De hecho, su coreable parte final, nos llevó a la primera de las muchas comuniones entre público y artista. O esa joya pop llamada “My Love Will Not Let You Down”, una canción que se grabó para el ‘Born In The U.S.A.’, pero que no llegó a entrar en el disco. Aunque sí se ha convertido en una de las favoritas de sus seguidores.

En este primer tramo del concierto también tuvo tiempo de echar la vista mucho más atrás y mostrarnos esa faceta más melancólica que protagonizó parte de su carrera en los setenta. Y nada mejor que la emocionante “Prove It All Night” para meterse de lleno en esos años. O ese derroche de épica rock que es “The Promise Land” -es increíble como suena ese saxo-. Aunque el momento más íntimo de esta parte del concierto se vivió con “Atlantic City”, la única concesión de la noche a su ‘Nebraska’. Esta parte duró poco, porque en seguida volvió el Bruce Springsteen más animado con la festiva “Working On The Highway”, y con uno de los grandes momentos de la noche. Y es que, tras ella, llegó el turno de “Hungry Heart”, con la que un poco más y se viene el estadio abajo.

Tras una catarsis así, todo artista tiene que bajar el ritmo. Y Bruce Springsteen no es una excepción. Pero claro, bajar el ritmo supone que coja su armónica y suenen los primeros acordes de “The River”. Además, haciendo una de esas interpretaciones sobrecogedoras y alargando su parte final hasta casi quedarse sin aliento. O llevar el concierto a un soul elegante con su estupenda versión del “Nightshift” de The Commodores. Donde, como no podía ser de otra manera, dio protagonismo a los coristas de esa tremenda banda que es la E Street Band. Además de atacar prácticamente solo “Last Man Standing”, otra de las canciones de su último álbum. O volver a la épica rock con “Backstreets”, una de esas canciones que demuestran lo mucho que lo han copiado bandas como The War On Drugs o Arcade Fire.

La traca final antes de llegar al bis, que realmente no lo fue, porque ni siquiera llegó a irse del escenario, empezó con “Because The Night”. Y claro, ahí se vivió otro de los grandes momentos del concierto. Pero ojo, porque aquí fue otra de las partes del show donde se pudo ver que el Bruce Springsteen del Siglo XXI también funciona muy bien. La prueba más evidente la tuvimos con el torbellino sonoro que supuso “Wrecking Ball”, con la se vivió una de las grandes catarsis de la noche. O como se dejó el público los pulmones con los coros de “The Rising”. Eso sí, tras ellas, llegó “Badlands” para reivindicar como se merece el Bruce del pasado. A la que siguió una enorme “Thunder Road” para “cerrar” la primera parte del concierto.

Tras casi dos horas y media de espectáculo donde no faltaron sus míticos bailes, visitas constantes a las primeras filas, y todo tipo de excesos con su garganta, seguía pletórico y con voz. Y lo pudimos comprobar cuando se encendieron todas las luces del escenario y empezaron a sonar los primeros acordes del “Born In The U.S.A.”. Así, sin luces efectistas y como si estuviéramos en un concierto de hace 50 años, atacó clásicos de su discografía como “Born To Run”, “Dancing in the Dark”, que sirvió para presentar a la banda, o “Tenth Avenue Freeze-Out”. Y tras ellas, el “Twist and Shout”, como viene siendo habitual desde hace años. Aunque esta vez prefirió cerrar con una versión acústica de “I’ll See You in My Dreams”. Porque, al fin y al cabo, esto no deja de ser algo parecido a la gira de su último disco.

Foto: Doctor Music