Turner Libros reedita —en versión definitiva, aseguran, lo que viniendo de una editorial avezada en publicar obras totales equivale a lectura obligatoria— Bossa nova. La historia y las historias, del periodista, traductor, escritor y biógrafo brasileño Ruy Castro. Y uno que, más allá del cliché y los nombres indispensables, admite su total desconocimiento sobre «el otro» género musical del país de la samba —por cierto, muerte a la batucada— no podía dejar pasar la oportunidad de embarcarse en este apasionante viaje histórico-cultural tras la música de saudade.

Nacido en Caratinga, Minas Gerais, en 1948, la trayectoria de Ruy Castro es tan laureada —cuatro premios Jabuti de Literatura, entre otros— como dilatada. Su andadura arrancó a finales de los 60 en Río de Janeiro y São Paulo, como periodista especializado en música, cine y literatura —su producción en estos campos ha sido antologada— para los diarios Correio da Manhã, Jornal do Brasil y Folha de S. Paulo, o las revistas Veja, Isto É, Manchete, O Pasquim, o Status. Como autor, pese a incursionar en la literatura, sobre todo ha destacado en la no ficción. Como biógrafo, con títulos sobre Nelson Rodrigues, Garrincha —agria y onerosa polémica con la familia del futbolista incluida—, o Carmen Miranda. Y en el ensayo, con obras acerca del club de fútbol Flamengo, el barrio de Ipanema o la ciudad de Río. Y, por supuesto, la samba-canción y la bossa nova, donde destaca este libro, original de 1990 y revisado en 2016. 

Bossa nova honra a su subtítulo, siendo en realidad una amalgama de historias que reconstruyen la de un género musical tan idiosincrático de Brasil, como de una época y actitud cultural. Ya en su introducción, Ruy Castro nos cuenta su ingente labor de investigación, 18 meses contactando con un centenar de protagonistas, secundarios y testigos, para entrevistarlos, o recabar datos y documentos relevantes de primera mano. Lo sorprendente es cuán sólida —repito, desde la inopia— resulta el devenir de la narración. Un cruce inusual entre la anécdota y el hecho significativo que conforma un texto siempre vivo —bien secundado por la traducción de José Antonio Montano— y con un fortísimo componente generacional. 

Porque Bossa nova es, creo que junto a la esperable crónica musical, un intento de diseccionar a una bohemia de la que salieron las luminarias de tan singular estilo. Ello implica ahondar en los contextos, urbanos y sociales, de esa parte de la juventud brasileña de los 50s y 60s —protohípsters embebidos de jazz, apenas politizados— y, especialmente, el de los artistas centrales del relato. Pero también, rebuscar los dimes y diretes —no son pocas las riñas, traiciones y desamores—, lo que implica segundas opiniones y desmentidos del discurso oficial, aunque cuestionen mitos y leyendas. Para Ruy Castro, solo importan los hechos. Y las canciones, claro.      

Tom Jobim, João Gilberto y Vinícius de Moraes en 1962. Foto: Memorial da Democracia

Diría que João Gilberto, el referente más célebre del movimiento, acapara los focos de Bossa nova —su alargada aunque borrosa sombra siempre presente—. Sin embargo, la lectura de la obra nos muestra el peso, de auténticos co-protagonistas, de Antonio Carlos Jobim y Vinicius de Moraes —vaya personaje éste—. Y lo que es aún mejor, se detiene en un tropel de actores secundarios en forma de solistas, grupos, instrumentistas, fans, promotores, detractores… Castro realmente ha apostado por el collage basado únicamente en que la historia fuese trascendente en la evolución de la bossa, o para alguna de sus principales figuras. 

Así, en Bossa nova podemos estar penando en clínicas de rehabilitación o mendigando miserablemente a los amigos, y, a continuación, grabando con el mismísimo Frank Sinatra o Stan Getz… Saber la verdad de la intrahistoria o dar con la línea melódica de las universales «La chica de Ipanema» o «Desafinado», y luego sufrir las inclemencias de la propia tímidez en el icónico Carnegie Hall neoyorquino. Entrar en apartamentos y garitos infames. Conocer episodios de censura y pésimos contratos, mientras América se rendía al «nuevo cool» venido del sur. O asistir a la conquista, algo azarosa, del mundo, cuando la misma Brasil estaba ya a otros ritmos y sonidos. En definitiva, la voluntad completista y la riqueza del libro son desbordantes…

Quizás su único problema —junto a la falta de política, o precisamente su ausencia sea lo más elocuente—, para disfrutar plenamente de Bossa nova, muy posiblemente el lector debiera tener algún conocimiento previo. No obstante, este «debe» tiene muy placentera solución. Avanzar en la obra acompañado en todo momento por una legión de discos —pormenorizados en la sección final «Discografía»— o cierta plataforma de escucha digital. Esa, a mi juicio, es la mejor manera de explorar este estupendo volumen. Y, de paso, sacar algo de provecho a estas letárgicas tardes de infinita canícula, tan melancólicamente apropiadas…