Aviso que no encontraréis aquí una mala palabra sobre Sasha Baron Cohen y Borat. Su fórmula para hacer películas -o televisión, recordemos Who is America?– mezclando ficción y bromas de cámara oculta para fabricar momentos delirantes que al mismo tiempo son una radiografía política y social. En Borat: lecciones culturales de Estados Unidos para beneficio de la gloriosa nación de Kazajistán (2006) Cohen ensayó la fórmula en un éxito mundial que convirtió al personaje en icono de la cultura popular. En aquella película, dirigida por Larry Charles, los dardos eran lanzados contra los peores defectos de la llamada América profunda: el conservadurismo, el racismo, la xenofobia, la homofobia, la defensa de la posesión de armas, etc. Lo que no sabíamos es que aquella comedia estaba prediciendo la América de Trump que llegaría en 2016. Por eso, en 2020, aunque Sasha Baron Cohen se limita a repetir esquemas, resulta pertinente un nuevo diagnóstico de los Estados Unidos actuales. Para hacernos una idea de cómo ha cambiado la cosa, en la primera cinta de Borat no habían proliferado los smartphones que ahora, reciben su merecido sketch en Borat, película film secuela.

Estrenada en Amazon Prime Video, creo que la nueva cinta del personaje no desmerece, aunque evidentemente, ya no sorprende, como recoge una secuencia que evidencia que Borat es tan conocido que Sasha Baron Cohen se ve obligado a disfrazar al periodista kazajo y a recurrir a la ayuda de su hija -en la ficción- Tutar, interpretada por María Bakalova, para mí, un auténtico descubrimiento. Su presencia incide de manera significativa, ya que los dardos de esta película se centran sobre todo en el machismo cultural de los dos países implicados: ese ficticio Kazajistán de cabras y gallinas, que representa un poco a todos los países islámicos y por supuesto, Estados Unidos. Borat, película film secuela tiene situaciones desternillantes que acaban produciendo momentos muy incómodos que ponen a prueba a las víctimas de la cámara oculta, y al propio espectador, que experimenta estupor y vergüenza ajena. Para mí, la magia de Borat es su capacidad para recurrir al humor más simple, incluso zafio, para dejar en evidencia las peores miserias de nuestra sociedad, o sus valores, como demuestra la solidaria afroamericana que intenta ayudar a Tutar. 

Como he dicho antes, Sasha Baron Cohen vuelve a conseguir una película divertida, gamberra y provocadora, que ha puesto en aprietos al ex alcalde de Nueva York, Rudy Giuliani y que encima se topa con la pandemia del coronavirus en pleno rodaje, por lo que se permite reírse también de la crisis mundial que vivimos.