Crónica de una noche histórica con Blur

La primera edición del Primavera Sound madrileño se ha convertido en algo para recodar. Y no lo decimos por la mala suerte que la organización ha tenido con el tiempo, o por lo difícil que ha sido llegar y volver del recinto del festival, lo decimos porque nos ha dejado varios conciertos fuera del grueso del festival que pasarán a la historia. Como ese espectáculo de Pet Shop Boys repasando su gran colección de clásicos ante miles de personas. Aunque, sin duda, el gran acontecimiento ha sido tener a Blur en una sala para poco más de 2000 personas. En parte, por esa capacidad de reacción admirable de la organización, que tras tener que suspender la jornada del jueves, montó un concierto así en menos de 24 horas. Pero, sobre todo, porque es una oportunidad única el poder ver a una banda tan grande en esas condiciones. Algo de lo que fueron conscientes grupo y público durante todo el concierto. 

Puede que Blur vayan a sacar un nuevo disco dentro de unas pocas semanas, pero los conciertos que están haciendo van más allá de la presentación de nuevas canciones. De hecho, sólo cayeron dos de ese ‘The Ballad of Darren’ que publicarán en julio. Lo que vivimos el pasado jueves fue más un repaso a una de las mejores discografías del pop británico de los noventa. Porque sí, empezaron con “St. Charles Square”, uno de los dos temas nuevos que cayeron, pero a partir de ahí fue toda una celebración de su carrera. Y todo esto aderezado con un público entregado y consciente de que, en eso momento, eran unos privilegiados. Pero no sólo fue el publico que estaba entregado, también la banda y, sobre todo, Damon Albarn, que tiró agua al público, se bajó a las primeras filas, le robó la gorra a una chica, hizo reverencias a Alex James, y hasta se quitó su diente de oro para no perderlo en uno de sus arrebatos.

Blur llegaron a La Riviera dispuestos a quitarse de encima la etiqueta britpop. El sonido, que era atronador -servidor estuvo medio sordo hasta bien entrado el día siguiente-, hizo que muchas de sus canciones casi se convertirán en arrebatos de punk. Fue el caso de “Popscene” y “Trouble in the Message Centre”, que cayeron en los primeros minutos e hicieron la que intensidad del concierto no bajara en sus casi dos horas de duración. Incluso en un tema más reposado como es “Beetlebum”, que fue recibido como el gran himno que es. O en esa extraña “Country Sad Ballad Man”, en la que Damon se sentó al piano, y que acabó en todo un arrebato rockero. Un piano que también protagonizó la potente “Sing”, la cual empalmaron con “Intermission”, que llevó a la banda a una locura colectiva encima del escenario.

Como es lógico, fueron los grandes hits de Blur los que hicieron que aquello se convirtiera en algo épico. Canciones como “There’s No Other Way”, “Coffe & TV”, o “Parklife”, llevaron al público a una efusividad colectiva que hacia tiempo que un servidor no veía. Tampoco hubo nadie allí que no coreara la épica de “End of a Century” y “To The End”. Aunque claro, el gran momento de la primera parte del concierto llegó con “Song 2”. El pogo que se organizó en las primeras filas fue antológico. De hecho, casi agradecimos que la canción solo dure dos minutos, porque fue muy bestia. Tras esta barbaridad, tenían que calmar un poco aquello, y nada mejor que un tema como “This a Low” para irnos a los bises.

Para abrir el bis escogieron “Girls & Boys”, y claro, sus primeros acordes desataron otra histeria colectiva, y otro vaivén de cabezas botando. Algo lógico, ya que estamos hablando de uno de los grandes temas de los noventa. Pero ojo, que “Tender”, la cual vino inmediatamente después, no se quedó atrás. Y, como es habitual en sus conciertos, la gente la siguió cantando tras haber terminado. Una duda que tenia es que como iba a encajar “The Narcissist”, el que es su nuevo single, junto a su repertorio de siempre. Pero se disiparon al instante, porque ya se ha convertido en un hit más. Aunque claro, no como “The Universal”, la canción que sirvió de cierre perfecto a una noche que se recordará durante mucho tiempo.

Foto: Sharon López