Black Rebel Motorcycle Club no pasarán nunca de esa segunda fila en la que están estancados desde el principio de su carrera, y puede que, en estos cinco años que han pasado desde su anterior trabajo, muchos de sus seguidores de hayan olvidado de ellos, pero siguen insistiendo. A raíz de esa perseverancia, se han plantado en 2018 con un octavo disco, en el que, a simple vista, nada cambia, pero, tras unas cuantas escuchas, sí que se puede apreciar un pequeño acercamiento hacia nuevos caminos. Gracias a esto, no estamos ante otro disco suyo que podría haber pasado sin pena ni gloria, y sí ante uno que tiene unas cuantas canciones notables.

Empecemos por lo de siempre. B.R.M.C. siguen siendo esa banda que toma su nombre de la banda de moteros de la película “Salvaje”, siguen llevando estupendamente las chupas de cuero, y el rock crudo sigue siendo su estilo favorito. Así que sí, ese tipo de canciones rockeras y chulescas, tan deudoras de The Jesus and Mary Chain, siguen siendo su obsesión principal. Algunas, como ‘Spook’, ‘King of Bones’ o ‘Little Thing Gone Wild’, todavía consiguen sorprender un poco. Sin embargo, la densidad y aspereza que muestran en otros cortes, como ‘The Night Configuration’ o ‘Questión of Faith’, no les funciona del todo, y estas dos canciones de larga duración, solo consiguen levantar el interés en sus minutos finales.

El pequeño cambio viene con las baladas. Sí, la banda de San Francisco también sabe cuando levantar el pie del pedal de distorsión. Han hecho muy bien en relajarse un poco, porque lo mejor del disco viene en este tipo de canciones. Quizá, a sus seguidores más rockeros, una canción como ‘Echo’ les resulte un poco moñas, pero es innegable que es un corte notable, y no les sienta nada mal ponerse un poco épicos. Como tampoco les sienta nada mal construir una balada como ‘Haunt’, que es mucho menos evidente y algo más esquiva. Es más, parece que la producción de Nick Launay, que ha estado a los mandos de varios de los últimos trabajos de Nick Cave & The Bad Seeds, les ha servido para crear esta canción que tanto suena al mítico artista australiano.

Wrong Creatures” no es un disco perfecto, ni mucho menos, es demasiado largo, contiene algunas canciones soporíferas, y sacan demasiado a relucir sus tics de siempre, pero también han conseguido que su fórmula funcione en media docena de canciones, y eso ya es algo más de lo que esperábamos.