Ya es tradición recibir cada Navidad una nueva entrega de Black Mirror. Su creador, Charlie Brooker, sigue fabricando pequeñas historias de ciencia ficción anticipatoria sobre los horrores que puede desencadenar la tecnología en nuestra sociedad. Brooker se mantiene siempre verosímil, apoyándose en tecnologías existentes y familiares a las que da un giro terrorífico. Creo que esta cuarta temporada en Netflix no decepciona. Paso a comentar sus seis episodios, clasificados del peor al mejor.

6. Empezando por el poco interesante Crocodile, relato irregular y desenfocado sobre los errores del pasado. Dirigido por John Hillcoat -La carretera (2009)- esta entrega utiliza escenarios de novela criminal nórdica y se apoya tangencialmente en una tecnología capaz de visualizar nuestros recuerdos (y nuestros más oscuros secretos). Creo que Brooker no saca todo el provecho posible del tema.

5. Seguimos con Metalhead, rodado por David SladeHard Candy (2005)- en un blanco y negro apocalíptico. Estamos ante un ejercicio de tensión cuya mayor virtud es erigir en heroína de acción a una mujer madura –Maxine Peake está muy bien- que debe enfrentarse a un robot de seguridad con forma de perro, inquietante como una cucaracha y persistente como Terminator (1984).

4. Dirigido por Jodie Foster, Arkangel tiene un planteamiento típico de Charlie Brooker, que lleva al extremo una tecnología actual: el control parental -la restricción que podemos aplicar a los dispositivos de nuestros hijos- un término frío para no decir “censura”. La madre sobreprotectora (Rosemarie DeWitt) que protagoniza el relato -le prepara diabólicos batidos nutricionales- teme perder a su hija y le implanta un chip en la cabeza, que le permite controlar sus movimientos. El guión destaca por su capacidad para narrar la infancia y la adolescencia de Sara, la hija, con una concreción admirable.

3. Uss Callister es al mismo tiempo un bonito homenaje a la serie original de Star Trek y un retrato amargo de los fans inadaptados que se refugian en la ciencia ficción. Sobre todo en la fantasía masculina que representa el capitán James T. Kirk (William Shatner), machista y asexuada -esos besos sin lengua de los años sesenta- al mismo tiempo. La historia convierte al marginado en tirano, inspirándose claramente en el episodio It´s a Good Life (1961) de Twilight Zone (1959-1964) -recreado por Richard Matheson y Joe Dante en En los límites de la realidad (1983)-.

2. La frase Hang the Dj proviene de una canción de The SmithsPanic– que da título a un episodio que reincide en la vena romántica de Black Mirror y que explora de nuevo uno de sus temas más fructíferos, el de las relaciones sentimentales. La búsqueda de pareja se ha visto modificada por las nuevas tecnologías -Meetic, Tinder, lo estamos viviendo- y el santo grial es un algoritmo que sea capaz de emparejarnos adecuadamente. Brooker da aquí un paso más allá y propone un “programa” que decide todo por nosotros. Esto, por supuesto, se convierte en una pesadilla y en uno de los mejores episodios de la serie.

1. La temporada acaba -se ha hecho corta- con el fantástico Black Museum, un homenaje a la propia serie -hay referencias muy pertinentes a San Junípero y a entregas anteriores de la temporada- y a los films de episodios como Torture Garden (1967). Dirige Colm McCarthyMelanie, The Girl with All the Gifts (2016)- y protagoniza un estupendo Douglas Hodge como Rolo Haynes, maestro de ceremonias que nos presenta tres historias sobresalientes, cargadas de humor negro, todas relacionadas con la muerte y la trascendencia de la conciencia. Un giro sorprendente -aunque anticipable- conectará los relatos en el mejor episodio de esta cuarta entrega de Black Mirror.