Analizamos Bandersnatch, el discutido experimento de Charlie Brooker en Netflix. Se trata de un episodio especial interactivo de Black Mirror, en el que el espectador, mando a distancia en mano, debe decidir sobre la historia y guiar al protagonista hacia lugares nada recomendables. Esgrimimos 4 razones para valorar positivamente la propuesta. Y una en contra.

1. Un relato oscuro. David Slade -director de Hard Candy (2005), o del episodio Metal Head– es el director ideal para poner en imágenes el guión de Charlie Brooker. Los colores fríos y apagados marcan el tono de un relato pesimista que casi desactiva el carácter lúdico de la propuesta interactiva. En el centro del conflicto dramático una pérdida personal que marca emocionalmente al protagonista -Stefan Butler (Fionn Whitehead)-. El capítulo no ofrece la más mínima esperanza, que sí encontramos en entregas memorables de la serie como San Junipero o Hang the DJ. Además, las decisiones que nos obligan a tomar, nos hacen partícipes de esa oscuridad, como cuando debemos decidir si lanzamos a Stefan por un balcón, o ese ‘mata a papá’ verdaderamente perturbador.

2. Tiene los elementos de una película de culto: referencias a la industria de los videojuegos de los 80, a las primeras aventuras conversacionales, a oscuras teorías conspiratorias sobre el control mental, a Phillip K. Dick, a los libros de ‘elige tu propia aventura’, todos elementos suficientes para garantizar el atractivo de la propuesta. Una suerte de Matrix (1999) en los pixelados, pop y analógicos años 80. Y con monstruos de látex.

3. Forma y contenido. Me parece un acierto que la interacción con el espectador no sea un fin en sí mismo, sino que la historia gire alrededor de la idea del libre albedrío, de los universos paralelos, del eterno retorno. El mejor momento: cuando mandamos mensajes desde el siglo XXI al protagonista, en los años 80, para explicarle qué es Netflix y cómo estamos controlando su vida. Charlie Booker nos convierte en los ‘malos’ de la película como usuarios de una tecnología que tiene su lado oscuro, tema clave en Black Mirror.

4. La ruptura de la cuarta pared. Estamos ante una historia de terror psicológico en la que el misterio somos nosotros. Hemos visto muchas películas en las que no sabemos si lo que ocurre es real o solo existe en la mente del protagonista. Aquí, Stefan Butler llega a creer que se está volviendo loco cuando percibe que una fuerza externa controla sus decisiones. Nosotros, los usuarios de Netflix, sabemos que no ha perdido la cabeza. ¿Habéis sentido una conexión como esta con el héroe en alguna otra serie o película?

5. Las opciones no son reales. Mi sensación como usuario es que no he sido capaz de cambiar verdaderamente la historia. Se puede entender que solo haya dos alternativas en cada desviación del relato, pero, al menos en mi caso, la historia se reiniciaba continuamente para hacerme elegir otra vez el camino ‘dictado’ por la narrativa. Quizás ese es el desalentador mensaje de Brooker: somos tan esclavos como el protagonista.