8.5
Score

Final Verdict

‘Ants From Up There’ mete de lleno a Black Country, New Road en la carrera por el mejor álbum de 2022. Y eso que solo estamos en febrero.

El segundo disco de Black Country, New Road es la prueba de que nos encontramos con unos de los mejores grupos del momento y, quizá, también es un epitafio: unos días antes de que se publicara el álbum, su cantante, guitarrista y letrista, Isaac Wood, anunciaba que dejaba el grupo, dando a entender que era por problemas de salud mental.

Los hasta ahora siete componentes de la banda británica componen las canciones y tocan instrumentos que se salen un poco de lo habitual (saxofón, violín) para un grupo que había sido etiquetado como de post-punk, o de rock experimental. Pero si ahondamos en las influencias de este nuevo trabajo (Arcade FireDivine ComedyBuilt To Spill y, especialmente, el free jazz), ya encajan las piezas. Las canciones se mueven entre el jazz, el cabaret, el pop, el post-punk… Una amalgama de estilos con los que increíblemente logran un trabajo consistente. No son canciones sueltas en un disco, sino un libro con una historia.

Escuchando el séptimo tema del disco, el instrumental Mark’s Theme, uno se siente en el ambiente de una grabación clásica en el Village Vanguard, pero con una pureza de sonido de trabajos rayanos en la obsesión por la perfección, como el Live in London de Lou Reed. Y eso se debe al excelente trabajo de Sergio Maschetzko, un ingeniero de sonido que conocí hace años en Madrid, y que aquí realiza su primera producción. Las canciones están grabadas en vivo en el estudio y, como me confirmó Sergio, la idea era mantener la energía de los conciertos, pero con la perfección de sonido que se puede lograr en el estudio. El trabajo de producción es uno de los puntos que hay que destacar de este trabajo, ya que ha conseguido el sonido perfecto para unas canciones ya de por sí excelentes y que se escapan de las estructuras clásicas.

Las letras de las diez canciones del álbum (dos son instrumentales), se mueven entre lo que parecen ser relaciones personales, comentarios irónicos y cierta desesperación, e incluyen alguna línea cuanto menos curiosa como “She had Billie Eilish style”. La música, con respecto al primer trabajo, es más accesible y melódica, pero sin perder un ápice de calidad. Todavía escuchamos algo de ruido en temas como Basketball Shoes, una canción que es como un viaje por todos los estilos que hay en el álbum: doce minutos que comienzan como una pieza de jazz, siguen como una marcha, aparece un momento casi minimalista, nos sorprende con un pasaje algo ruidoso, se vuelve a calmar y, finalmente, con un aire a lo Arcade Fire, termina pomposamente cerrando lo que es el mejor disco de los últimos años. Ahora tendremos que esperar a ver cómo evoluciona el grupo sin Wood y cómo consiguen, especialmente, sustituir una voz tan particular.