Better Call Saul es para mí esa gran serie que, por alguna razón, pasa desapercibida. No tiene la legión de seguidores de Juego de Tronos, Stranger Things o The Walking Dead. Nunca ha sido una serie ‘acontecimiento’ como las que acaparan la atención periódicamente en Netflix –Narcos– o en HBO –Heridas abiertas-. Y tampoco está en las quinielas de los premios -como The Crown o The Handmaids Tale-. Better Call Saul no tiene una premisa atractiva, es cierto, y además, puede ser muy exigente. Hay que prestar atención a lo que se ve. Un nivel de atención parecido al que tenemos cuando vamos al cine. La serie creada por Vince Gilligan y Peter Gould ofrece cada temporada un nivel de calidad altísimo, sobre todo, en sus guiones, que desarrollan historias de forma visual como pocas ficciones actuales. Esa narrativa está acompañada por una planificación efectiva, con directores experimentados, que poco tiene que ver con la realización plana de otros productos televisivos. El reparto de actores es más que sólido, Bob Odenkirk a la cabeza, pero también unos estupendos Michael McKean, Jonathan Banks, Giancarlo Esposito y, por supuesto, Rhea Seehorn. Better Call Saul es única -como lo fue Breaking Bad– por el mimo con el que cuida a sus personajes y la atención que se pone a su evolución. Estamos hablando de los mismos que llevaron al profesor de química Walter White a convertirse en el capo de la droga Heisenberg. Ahora están haciendo algo similar con Jimmy McGill, al que convertirán poco a poco en Saul Goodman. Y te lo estás perdiendo. Los únicos defectos de la serie son el no hacer ruido con giros forzados, muertes sorprendentes u otros trucos para llamar la atención. Lo que mueve el argumento de Better Call Saul, cada temporada, son las decisiones morales de los personajes. Estamos ante una ficción inmune al spoiler, hecha para iniciados, con múltiples guiños al fan de Breaking Bad, que se beneficiaría mucho de un visionado continuo al estilo Netflix -por mucho que Gilligan se muestre contrario a ello-. Me atrevo a decir que con Better Call Saul puede ocurrir algo similar a lo que experimentamos con Breaking Bad, que pasó algo desapercibida durante sus primeras temporadas, para luego ganar premios, captar la atención del público y convertirse en un fenómeno en su última entrega. Muchos tuvieron que ponerse al día con auténticos maratones. La serie sobre Jimmy McGill está ya en su cuarta temporada. Estáis avisados. Para los que ya la habéis visto, paso a comentar cada episodio brevemente.

El primer episodio, Smoke, comienza en blanco y negro, con el acostumbrado prólogo que es la auténtica continuación cronológica de Breaking Bad: Saul (Bob Odenkirk) sufre un ataque, por lo que acaba ingresado. Todo esto solo para recordarnos que es un fugitivo y que vive bajo una falsa identidad. Esto es importante porque la serie nos cuenta cómo Jimmy se convertirá en Saul. Entonces, retrocedemos en el tiempo a la precuela que es esta serie. Se cierran tramas de la temporada anterior, sin recapitular y de forma anticlimática. De hecho, nos exigen recordar -Kim (Rhea Seehorn) tiene el brazo escayolado, la manguera agujereada del huerto de la nieta de Mike o la botella azul de la que beben Kim y Jimmy-. La muerte/suicidio de Chuck McGill (Michael McKean) se cumple tras el cliffhanger de la tercera temporada. Hay un momento hermoso en el que unas chispas flotan por el aire hasta la cama en la que duermen Jimmy y Kim. Es una forma poética -irreal- de decir que la casa de Chuck se ha quemado. Otras subtramas se ocupan de Mike (Jonathan Banks) y Nacho (Michael Mando). El primero, deja su trabajo en el aparcamiento, abre una misteriosa carta, se infiltra en una empresa -genial la conversación entre dos empleados sobre quién ganaría, Muhammad Ali o Bruce Lee– y en una larga secuencia le vemos hacer una serie de acciones pormenorizadas cuyo fin desconocemos. Al parecer, pretende dejar al descubierto fallos de seguridad. Nacho, por otro lado, intenta ocultar las pruebas de su crimen, ha cambiado las pastillas que toma su tío y le ha provocado un ictus -los que han visto Breaking Bad saben cómo acaba todo-. Pero lo importante de Better Call Saul no son las acciones de los personajes, ni los giros de guión, ni las sorpresas. Es la moral de sus protagonistas. Jimmy se entera por Howard que Chuck, quizás, se suicidó porque le apartó del bufete, tras empeñarse este en luchar contra una agencia se seguros que quiso aumentar la póliza tras enterarse de su rara enfermedad. Todo esto ocurrió por una de las habituales trampas de Jimmy. La pregunta que nos hacemos es ¿Cómo reaccionará Jimmy al descubrir que su hermano Chuck se ha suicidado por su culpa? La respuesta es: como si nada hubiese pasado. Para contar esto, hemos visto a Jimmy practicando una rutina diaria: alimentar a sus peces, preparar café, desayunar cereales. Ahora, tras saberse responsable de la muerte de su hermano, Jimmy vuelve a esa rutina, silbando casi feliz. Lo que dice eso del personaje, sin decirlo realmente, es muy profundo. 7/10

Breathe tiene idénticas intenciones que Smoke. Continúa las tramas abiertas en la temporada anterior de Better Call Saul. Claramente Vince Gilligan y Peter Gould han mandado a la mierda al ‘espectador medio’ -como diría Peter Simon- y esperan que veamos su serie de seguido -lo mismo ocurría con Breaking Bad-. Aquí la mayor parte de la historia se centra en Nacho, sus problemas con los Salamanca y sobre todo con Gus Fring (Giancarlo Espósito). También vemos a Mike en una pequeña escena que explica su comportamiento en el capítulo anterior, en una entrevista con Lydia Rodarte-Quayle (Laura Fraser). Además, vemos a Jimmy en todo su apogeo, lenguaraz, en una entrevista de trabajo en la que consigue ser contratado instantáneamente gracias a su labia. Y Kim, protagoniza una escena dramática en la que reclama a Howard su actitud desconsiderada con Jimmy. Pero en todas estas historias, en lo que hay que fijarse realmente, no es tanto en lo que nos cuentan, sino en las ya mencionadas decisiones morales. Nacho saca una pistola en una transacción, tras prometer a su padre dejar los trapicheos. Mike ha estado realizando un trabajo que nadie le ha pedido para justificar los ingresos que recibe. Jimmy consigue el trabajo tan fácilmente, que lo rechaza: parece arrepentirse de haberlo conseguido de forma poco ética, aprovechándose de los incautos. Luego descubriremos que esto no es así. Kim sigue creyendo en la bondad de Jimmy y le defiende ante Howard. 7/10

El inicio de Something Breautiful es quizás el mejor ejemplo de la narrativa cinematográfica de la serie: en los clásicos paisajes desérticos -casi de western– de Nuevo México, que recordamos de Breaking Bad -estupendamente fotografiados- nos muestran enigmáticas acciones cuyo significado desconocemos, sin diálogos y con especial énfasis en detalles resaltados con insertos. Unos hombres destruyen un coche que sacan de la carretera para luego introducir en él un cadáver. Acto seguido, tirotean el vehículo con su tripulante sin vida. Luego, entra en escena Nacho. Un inicio absolutamente cinematográfico que, al menos a mí, me mantiene totalmente atrapado. Luego, el tema del western continúa presente cuando Kim entra en la empresa que ha contratado sus servicios: no solo planean una expansión digna de los colonos, sino que en el hall del edificio vemos la figura de un cowboy sobre su caballo. El episodio incluye, además, una divertida secuencia de suspense cuando el ladrón que contrata Jimmy se queda atrapado en la oficina en la que intenta robar. Hay otra escena de puro cine negro, cuando el veterinario cura las heridas de Nacho- Además, una recompensa para los seguidores de Breaking Bad: la aparición del químico Gale Boetticher -apellido, por cierto, de director de cine de películas del oeste- interpretado por David Costabile. Rhea Seehorn vuelve a lucirse cuando vemos a Kim, emocionada, por la carta del fallecido Chuck, que su hermano Jim lee mientras mastica cereales. Una idea fantástica, generar ese contraste. 8/10

Talk es un episodio en el que se ven claramente dos elementos que hacen que Better Call Saul sea muy diferente a otras series. El primero es la espera. El interés no radica tanto en lo que está pasando, sino en lo que va a pasar: Kim sentada en la sala de un juzgado esperando una oportunidad de darle sentido a su vida; Jimmy en su nuevo trabajo, en una tienda de móviles a la que no acude un solo cliente, lo que le lleva a jugar a la pelota; Nacho espera en un coche mientras los hermanos Salamanca se enfrentan a tiros a una banda rival; Mike espera que uno de los miembros de su grupo de terapia incurra en una nueva mentira, o que Gus Fring le haga algún encargo. Esa espera no solo es una forma de contar en cada escena, sino que sirve también de marco temático. Todos los personajes están insatisfechos y esperan un cambio en sus vidas. Están atrapados en trabajos que no son los suyos -algo que sabemos porque en el futuro les veremos desempeñando otras profesiones, en Breaking Bad-. Así, Jimmy espera que acabe su período de inhabilitación para trabajar como abogado y por eso pierde el tiempo vendiendo móviles; Mike hace las veces de supervisor de seguridad de Gus Fring, pero está deseoso de que le encarguen un trabajo con más acción; Nacho desea abandonar la banda de los narcos, Kim parece querer ser abogada de grandes causas; incluso Ira (Franc Ross) ha encontrado algo de consuelo robando y vendiendo la figurita de coleccionista que le encomendó Jimmy, evadiéndose de su trabajo como reponedor. La otra característica original de esta serie es su atención detallada a los trabajos: vemos a Mike -de joven- preparando cemento; a Jimmy colocando todo a punto en la tienda de móviles o pintando un letrero en los cristales de la entrada; a Mike revisando cuidadosamente la carga de un camión; incluso a Ira colocando botes de refresco en una máquina. Todo esto lo vemos en escenas más o menos largas, que evitan la elipsis y que marcan un ritmo narrativo único, a contracorriente, que nos obliga a eso, a esperar. 8/10

Quite a Ride continúa la historia y los temas de Talk. La espera está de nuevo presente: esos jefes de obra que Mike dirige a una nave industrial en paradero desconocido, con una capucha que les impide ver nada, nos obligan a esperar, manteniendo la incógnita de lo que está ocurriendo. Mike, trabajando para Gus Fring, está ya donde quiere estar. Kim vive un proceso similar. Se resuelve la incógnita del episodio anterior y la vemos efectivamente ejerciendo de abogada de oficio, lo que pone en riesgo su trabajo para el banco, su gran cliente. Pero la historia principal es la de Jimmy, al que vemos al principio, como Saul, el abogado chanchullero de Breaking Bad, escapando al final de aquella serie. Ese prólogo establece firmemente en qué se va a convertir Jimmy y aquí vemos cómo se reafirma en ese camino. Aburrido de vender móviles, Jimmy intenta sacar tajada ofreciéndolos a todo tipo de delincuentes. Eso le lleva a recibir una paliza tras ser atracado. Una escena espejo nos lo muestra borrando el letrero que ha pintado en el episodio anterior en la tienda de móviles. Jimmy, que casi estaba dispuesto a acudir a un psicólogo, se convence, ante su supervisor de la libertad condicional, de cuál es su camino. 8/10

Piñata habla de la cultura empresarial en Estados Unidos, de esa idea de la tierra de oportunidades, en la que el emprendedor es el héroe. Curiosamente, lo que impulsa el afán crematístico en Jimmy es la vocación de Kim de ayudar: eso provoca que abandone la idea de formar un bufete independiente, lo que le lleva a retomar su idea de vender teléfonos móviles a los maleantes. En este sentido, antes hemos visto un flashback en el que Kim servía también de inspiración a Jimmy. Cuando ambos trabajaban en la mensajería del bufete, la pasión de ella por las leyes lo lleva a él a estudiar Derecho. Además, vemos a Mike a cargo de la obra que le ha encomendado Gus Fring. Estamos ante empresas o negocios que comienzan. Pero el guión propone una figura opuesta al empresario exitoso: el aprovechado. Esto se expone en una escena soberbia para lucimiento del actor Giancarlo Exposito. Delante de Héctor Salamanca, que sigue en coma, Gus Fring narra cómo emprendió un pequeño, pero exitoso, negocio con un árbol frutal que estaba medio muerto en el patio de su casa familiar. Es entonces cuando surge la figura del aprovechado, un coatí que come los frutos del árbol y que Gus captura para luego torturar sádicamente. Ese coatí es Héctor Salamanca, pero también el obrero alemán que se pone una cerveza nada más llegar al bar doméstico que le ha montado Mike, o los chavales que robaron a Jimmy en el episodio Quite a Ride. Solo que ahora Jimmy tiene un plan: estupenda la escena en la que los ladrones cuelgan como piñatas, con el ángulo de cámara invertido. 8/10

Something Stupid comienza con una idea fantástica: una secuencia en pantalla partida, con el tema musical del mismo título -cantado a dúo por Lola Marsh, en una versión realizada para este episodio- nos enseña cómo Kim y Jimmy se van separando poco a poco. Primero vemos a Kim y a Jimmy, juntos, lavándose los dientes, en un lado del plano dividido; enseguida los vemos, también a los dos, juntos, en otro momento, haciendo exactamente lo mismo. Pero pronto, sus rutinas se van separando: ella en su nuevo trabajo en un bufete, él en la tienda de móviles con sus trapicheos. El detalle brillante es que, cuando los personajes se cruzan, cuando comparten espacio físico -cenando en casa- la realización mantiene la línea divisoria -falsa- que los separa. Esa línea postproducida tiene un significado más íntimo, personal, que la separación física. Esta idea se refuerza con una secuencia en cámara subjetiva en la que Jimmy enseña el que será su nuevo despacho, suponemos que a Kim. No es ella, sino el ayudante de Jimmy en la venta de móviles. Como colofón, una fiesta empresarial en la que sale el lado destructivo de Jimmy: tras comprobar que el nuevo despacho de Kim es más grande que el que él podría ofrecerle, decide poner en un compromiso al jefe de ella. Hasta entonces Jimmy había sido el novio perfecto. En el viaje de vuelta, Kim y Jimmy no se dicen nada, pero suena ‘No Aloha’ de The Breeders. Hay, además, en este episodio, un contratiempo para Mike y sus trabajadores alemanes, y un momento pícaro en la recuperación de Héctor Salamanca: habría que ver de nuevo Breaking Bad para comprobar cómo encaja lo que vemos aquí entre él y Gus Fring. Pero lo importante del episodio es la separación de caminos de Kim y Jimmy. Siempre han tenido dos formas de ver la vida y la ley. Ella es responsable y legal, él está dispuesto a todo para conseguir sus fines, porque considera que el sistema es injusto. La gran pregunta de la serie es cuándo esas diferencias entre Jimmy y Kim les separarán definitivamente. Esa interrogante lleva aquí a un cliffhanger al que resulta complicado resistirse. 8/10

En Coushatta asistimos a la resolución del plan de Kim para salvar a Babineaux de prisión. Esto en el estilo habitual de la serie, en el que vemos a Jimmy realizar una serie de tareas -viaja en autobús mientras escribe un montón de cartas y postales- sin saber su verdadero objetivo. Se trata de otro plan ingenioso, a los que estamos acostumbrados desde los días de Walter White en Breaking Bad, y que ahora suele ejecutar Jimmy. Pero esta vez, el cerebro ‘criminal’ es Kim. Esto es importante, porque implica una decisión moral y sentimental -ya sabéis que estas son lo que hace avanzar la trama en BCS-. Kim perpetra este engaño porque ha renovado su compromiso con Jimmy, el timador. Veremos hasta dónde llega esto. Por otro lado, vemos las consecuencias de las decisiones tomadas por Mike y Nacho. Ambos han decidido trabajar para Gus Fring, se han convertido en criminales, duros y dispuestos a todo. Pero Mike tendrá que decidir qué hará si alguno de los trabajadores alemanes a su cargo -como Werner (Rainer Bock)- comete un error y debe ser castigado. Nacho también tendrá que lidiar con un nuevo miembro de la familia Salamanca, Lalo (Tony Dalton). 8/10

Wiedersehen es pura tensión. Esperamos que algo malo pase: cuando vemos a Kim engañando -con ayuda de Jimmy- a una empleada del ayuntamiento; o cuando Lalo habla con Héctor Salamanca -vemos aquí el origen de su recordado timbre- o cuando se reúne con Gus Fring. La tensión es máxima cuando Werner inspecciona los explosivos que deben hacer volar una gran roca. Pero nada ocurre. Sabemos que algo le pasa a Werner cuando expresa su deseo de ver a su mujer. Pero nada ocurre. Estamos preparados para ver a Jimmy recuperar su licencia de abogado: ante el tribunal que debe decidir si se la otorga o no, vemos al protagonista de esta serie haciéndolo todo bien. Es entonces cuando algo sale mal. Los guionistas se muestran sumamente habilidosos, porque nos hacen pensar en Chuck, el hermano mayor de Jimmy, y un exitoso abogado, al que este no menciona cuando habla de su vocación y de su inspiración como letrado. Justamente, Jimmy no recibe su licencia porque no ha sido sincero. Sabemos que es verdad, pero al mismo tiempo, sabemos que los abogados que le juzgan no pueden tener un conocimiento real de su honestidad. Better Call Saul suele poner a su protagonista en situaciones que son legales, pero de alguna manera injustas, que nos hacen estar del lado de Jimmy cuando se salta las reglas. Entonces asistimos al clímax que hemos estado esperando durante el episodio y durante toda la temporada: la gran discusión entre Kim y Jimmy. Maravillosa por su forma de reflejar las relaciones de pareja. Conocemos tan bien a estos personajes, que parecen reales. Para acabar, la ingeniosa fuga de Werner. 9/10

Winner se divide en dos tramas principales. En la primera, Mike sigue los pasos del alemán fugado, Werner. Y tras Mike, va Lalo. Sobre ellos, como la sombra de la muerte, Gus Fring supervisa. Esta historia tiene varios momentos estupendos: la forma en la que Mike, masticando chicle, burla a Lalo en un aparcamiento, o como este último se infiltra en la oficina de envíos de dinero, por el techo. Lalo, que hasta ahora se ha mostrado amenazadoramente simpático, demuestra de lo que es capaz y da miedo. Pero la escena importante es cuando Mike decide matar a Werner. Lo hace de la forma más piadosa y humana posible. Pero es una decisión moral que pesará sobre el personaje. Hay que decir también que hay un paralelismo importante entre Werner, un buen tipo demasiado inocente, y Jimmy, un timador que se pasa de listo. Breaking Bad y Better Call Saul establecen dos mundos, el “normal” y el criminal, cuyas fronteras son decididamente difusas. Werner no es apto para vivir en el mundo criminal, por eso muere. Jimmy fracasa una y otra vez en su intento de tener éxito en el mundo “normal”. Así, vemos los intentos de Jimmy de convencer a todo el mundo de que merece recuperar la licencia de abogado. Para ello, simula, mezquinamente, todo tipo de homenajes a su hermano Chuck. Esta trama incluye un momento divertido, un flashback, en el que vemos a Jimmy y a Chuck cantando juntos en un karaoke. Es una muestra de los buenos guiones de la serie: vemos cómo los dos hermanos se quieren, el Jimmy ebrio tras la celebración revela que se ha convertido en abogado por admiración a su hermano, pero hacer que Chuck cante mejor que Jimmy es simplemente genial. Chuck es, simplemente, mejor que nuestro protagonista. También vemos un momento que define completamente al personaje: Jimmy ha creado un programa de becas para jóvenes y se indigna porque el comité elige a los mejores -como Chuck- descartando a los que han cometido algún error, como él mismo. El discurso que le da Jimmy a la niña rechazada es maravilloso, está lleno de rabia y frustración. Justo después, Jimmy rompe a llorar en su coche. Es la primera vez, esta temporada, que le vemos siendo humano y no un timador. Todo esto nos prepara para el clímax. Una emocionante e inteligentísima escena-espejo que refleja el momento en el que Jimmy leía, despreocupadamente la carta que le dejó su hermano al morir. Todo hace pensar que aquí aflora el Jimmy más humano, que consigue emocionar a los abogados que le juzgan y sobre todo a Kim. Sorpresa. Era otra estratagema de Jimmy, que consigue lo que quiere -la licencia de abogado- pero a un precio bastante alto: ha decepcionado a Kim. Está a un paso de convertirse en el Saul que conocemos de Breaking Bad. Pero ¿Es un monstruo? 9/10