Memorias y biografías musicales hay muchas, afortunadamente. Pero pocas se parecen a Bessie Smith de Jackie Kay, flamante novedad de Alpha Decay. La fascinante y tumultuosa historia de «la Emperatriz del Blues», reina del género vocal entre los años 20 y 30, en una original fusión de ensayo y autobiografía. Una obra en la que blues y jazz provocan y escuecen. Donde la tragedia, el racismo y la misoginia asoman recurrentemente. Y las hazañas se tornan leyendas. Y éstas se fusionan con las vivencias de la propia autora… 

Nacida en 1961 en Edimburgo, Jackie Kay es una laureada poeta y novelista que, actualmente, ejerce como rectora de la Universidad de Salford y profesora de Escritura creativa en la Universidad de Newcastle. Tercera «Makar» —poeta nacional de Escocia— de la era moderna, miembro de la Orden del Imperio Británico y la Royal Society of Literature, Kay ha publicado varias obras de narrativa y autobiografía —además de literatura infantil y obras de teatro—, destacando las multipremiadas The Adoption Papers, Trumpet, Red Dust Road o Los blues de Joss Moody. A los que se suma, claro, Bessie Smith, aparecida originalmente en 1997 y reeditada en 2021 con gran éxito de ventas y crítica.

No es difícil entender tanto parabién recibido por Bessie Smith. Primero, solo hay que dejarse llevar por su vivida y poética prosa —gran labor en la traducción de Alberto Gª Marcos—, de una brillantez para nada habitual en el género musical. Un talento narrativo que permite a Jackie Kay canalizar su admiración respecto a Bessie Smith ya desde una adolescencia necesitada de figuras con las que identificarse. Una idolatría que tiene que ver más con lo identitario que con la mitomanía, la pura devoción musical, o la justísima reivindicación de una pionera fundamental venida de una era —nació en 1894— antediluviana. 

Segundo, Bessie Smith propone una hermosa simbiosis de estilos y estructuras. Por el libro, sabiamente breve —menos de 200 páginas—, sin necesidad de añadidos o subrayados, se entrecruzan biografía, ficción, ensayo y un lirismo cuasi poético. Y sorprende, por audaz y refrescante, el recurso de la fabulación cuando la ausencia de los escasos datos fehacientes y fuentes secundarias —que Kay no duda en cuestionar— es palmaria. Especular desde la ficción, transmutándose en la propia blueswoman, permite a la autora llegar a un «territorio distinto», abriendo varias subtramas interesantes, y donde lo personal va de la mano de una voluntad nada dogmática. El resultado es hipnótico. Adictivo. A la altura de tamaño personaje. 

Porque, finalmente, la historia del portento de Chattanooga, Tennessee, se las trae. La vida de Bessie Smith es un cóctel explosivo cuyos ingredientes, agitados al máximo, son: desgracia, éxito fulgurante, verdadera osadía, malas decisiones y pésimas compañías masculinas —el relato tiene incluso supervillano, el abyecto Jack Gee—, de nuevo, calamidad. Todo cantado como nadie, eso sí. Una existencia y personalidad complejísimas, ahíta de proezas, tremebundas adversidades y lances inverosímiles que abonan la leyenda, entre temas repletos de insinuaciones, dobles sentidos y dolorosas tristezas —léase verdades—. 

Huérfana desde muy pequeña, Bessie Smith sobrevivió a años de extrema pobreza cantando en la calle hasta que se enroló, primero como bailarina, en la compañía itinerante Moses Stokes —donde conoció a la «Madre del blues», Ma Rainey, otra mujer de armas tomar que fue su mentora… con matices—. Ya en 1913, comenzó a desarrollar su propio espectáculo, disparando su reputación en el sur y el este de Estados Unidos. No tardaría mucho en ser descubierta por Columbia, con quien, en 1923, se convirtió en inesperada superventas 780.000 copias con «Down Hearted Blues», su primera grabación. De la exclusión social, a los sonrojantes minstrels, a ser la «voz del blues»… Pero con Bessie Smith no hay lugar para el cuento hadas made in America… 

Excesivamente corpulenta, poco agraciada. Extremadamente deslenguada, procaz para la época. Poco dócil para la incipiente industria. Incluso una voz «demasiado negra». Además de los escollos machistas, abiertamente racistas o empresariales, Bessie Smith se topó con los coyunturales, con la Gran Depresión paralizando el sector. Y les añadió otros de cosecha propia: alcoholismo, drogas, depresión, despotismo… Y, a tenor del libro, sobre todo sentimentales, con mujeres, y una retahíla de hombres, ahora caraduras, ahora hijos de puta, que le llevaron por el camino de la amargura. Golpes de sobra incluso para un alma tan libre y fuerte, condenada a una carrera —léase también vida— muy corta. 

Y es que en Bessie Smith Jackie Kay compone una prodigiosa crónica acerca de una figura tan poderosa como trágica. Reflejando los contrastes extremos de su biografía, epitomizados no solo por el accidente que acabó con ella en 1937, bochornoso ejemplo ¿de xenofobia o manipulación mediática? Si no en el penoso y a la vez extraordinario relato de su lápida —«cameo» de Janis Joplin incluido, todo encaja—. La mejor forma de honrar al ídolo, enormemente humano. Una mujer con un don único. Una ambición, actitud y deseos muy avanzados a su tiempo. Alguien que ansiaba tener las riendas de su vida… aunque el amor y la mala cabeza se lo impidieran. La encarnación del blues… y ahora vibrante narración.