Con el recuerdo del estupendo concierto —acaso algo más de volumen para los «señores del ruido blanco»— del recién finalizado Primavera Sound, y la también cercana lectura y reseña de Un chaval del barrio (Contra, 22) del insigne Bobby Gillespie de Primal Scream, ahora me adentro en Besos de alambre de espino, la primera biografía en nuestro país de The Jesus and Mary Chain, cortesía de la británica Zoë Howe y publicada por —alegrón tenerlos de nuevo por aquí— Ondas del Espacio

Artista multidisciplinar e hiperactiva agente cultural, la cara más conocida de Zoë Howe es la de afamada biografa musical, con obras sobre Poly Styrene —junto a su hija, Celeste Bell, con quien trabajó en el documental Poly Styrene: I Am A Cliché—, Stevie Nicks, Wilko Johnson, Florence + The Machine, Lee Brilleaux o, claro, los Mary Chain. Ha escrito una novela, Shine On, Marquee Moon, finalista del Virginia Prize de Fiction (2016). Dirige y locuta el programa Rock ‘n’ Roll Witch —antes The Witching Hour— en Soho Radio, y ha colaborado en múltiples programas musicales de la BBC, Absolute Radio o Planet Rock. Finalmente, es una artista del collage, habiendo exhibido su obra en diversas galerías británicas. 

Publicada originalmente en 2014, Besos de alambre de espino es una retrospectiva concienzuda y sólida sin buscar sentar cátedra —o hinchar el libro injustificadamente—, armada de forma cronológica en capítulos breves y narrados con sencillez —tono mantenido en la traducción de Julio Jiménez y Toni Navarro—. Junto a la proverbial documentación, con generoso apartado gráfico, estas memorias no muy al uso se basan en las declaraciones exclusivas de Jim Reid, Douglas Hart, Bobby Gillespie o el simpar Alan McGee de Creation Records, los verdaderos protagonistas de la historia —sólo falta William Reid, quien rehusó participar—, y entorno inmediato de la banda.

The Jesus and Mary Chain en el programa de Channel 4 The Tube (1985) Foto: ITV/Rex Features

De hecho, resulta gracioso y/o curioso leer como con una banda legendaria por el caos de sus actuaciones y, ejem, «travesuras» varias, Zoë Howe se ha esforzado notablemente en ordenar y completar los recuerdos de los actores principales. Buscando encajar las piezas de un puzle que, pese a la eficaz reconstrucción de la historia, aún mantiene ese halo de misterio, vía idiosincrasia y dinámica interna de lo más particular, cortesía de los hermanos de East Kilbride, Escocia. Y que refleja una vorágine que llegó a engullirlos —aunque hubo resurrección—, mostrando cómo los Jesus son una contradicción constante… y explosiva. 

Porque el principal valor de Besos de alambre de espino quizás sea la capacidad de adentrarse en su mito, esa nube ensordecedora y negra que acompañaba permanentemente a los Mary Chain. Una de las bandas más icónicas, influyentes y cool del rock alternativo, pero algo soslayada por sus hermanos de era, sus «vástagos» del shoegaze, luego el Britpop y el grunge. Una formación capaz de labrarse una imagen y una fama de chicos malos —ganada a pulso—… que también tiene que ver con una tímidez supina, rayana claramente en lo antisocial. Unos hermanos abocados al enfrentamiento y, al mismo tiempo, indisociable dupla creadora —¡en la cocina de su casa con té y pastitas!—. Psicosis y dulces…  

Sin duda, Zoë Howe no se regodea en los aspectos más morbosos en Besos de alambre de espino. Huye sabiamente de la celebración hedonista de drogas y alcohol. Tampoco cae en un escrito tipo Behind the music —ya sabéis, tocar el cielo y sumirse en las tinieblas para regresar cuál ave fénix—. Pero lo realmente interesante es que la biografía de los propios Mary Chain no lo permite. Las adicciones eran más una respuesta a miedos y tensiones. Las trifulcas, resultado de ese mismo estrés, junto a una incapacidad de comunicación interna. Estas casi 300 páginas nos muestran a un grupo indómito, insobornable y seguro de su música. No obstante, a la vez ingenuo y falto de habilidades «mercadotécnicas». Benditos sean…

Del dormitorio compartido por los Reid a sus maquetas y titubeantes inicios hasta la pulsación del botón rojo tras la gira de Munki y la posterior reunión —insisto, sin magnificencias—. De su relación, el círculo cerrándose a la perfección, con otra rara avis como McGee. De conciertos truncados por la violencia y las adicciones, y giras hipertensas —la de Lollapalooza revela tanto…— . Visceralidad e introversión fraternal. Una leyenda a pesar de todo, incluido ellos mismos. Besos de alambre de espino nos trae, por fin, a una de las bandas más desconcertantes e hiperadictivas del rock alternativo en toda su singularidad.