Sons del Món es un festival de verano que con esta ya son quince ediciones de ritmos universales, en las que priman los calendarios de las giras, que condicionan los carteles de los festivales, un modelo de negocio que pide a gritos repensar el concepto. Se anhela diversidad y se programa masivamente pop, canción y rock. En ese sentido, el músico californiano es una cuña solvente porque ofrece lo que se pide y más, como puede ser la dispersión estilística. En este sentido comparte virtudes y algún desajuste con Gary Clark Jr. En el caso del guitarrista de Texas, es el exceso de volumen servido, en ocasiones, de manera gratuita.

En la gira europea de Ben Harper constan tres paradas. Barcelona, Roses y Madrid. La ciudad del Alt Empordà se ha apuntado un buen tanto con su presencia, que en una buena noche del cantante puede mecerse en el mejor blues como dar la misma caña o más que los Red Hot Chili Peppers, de sus ya lejanos buenos tiempos, en especial cuando se rodea de sus cercanos The Innocent CriminalsAlex Painter, guitarra; Darwin Johnson, bajo; Oliver Charles, batería; Chris Joyner; teclados, y Leon Mobley, percusión– a los que siempre les faltará el bajo de Juan Nelson. Su pérdida marca la música y el mensaje del nuevo álbum. “Below Sea Level” que abre el disco, también encabeza sus shows. Aquí en la sala Paradiso, de Amsterdam.   

Una de las características de Ben Harper es su introspección compositiva. El viernes pasado publicó “Bloodline Maintenance” del que escogió tres temas. Le gusta picotear en su colección de singles y EP. O en vinilos con historia. Además parece tener un gusto singular por sus vídeos –algunos con millones de visitas– como pasó con las piezas que interpretó de su estupendo álbum instrumental de 2020, “Winter Is for Lovers”, que contiene esa joya como es “Inland Empire”, que toca con la slide. El californiano, que se educó en la tienda de discos de su abuelo, no dejó el reggae de lado,  pues tocó un clásico de su repertorio como es Jah Work (A Lewis Marnell Tribute)”.

En un concierto donde se reúnen más de dos mil personas que están atentas a lo que haces, y están sentadas, cuesta levantarlas. La temperatura subió un tanto con “Burn One Down” del lejanoFight for Your Mind”, 1995. El compositor cerró con otras dos canciones de peso como “The Will to Live”, del disco homónimo, 1997, y el insondable “Amen Omen”, de “Diamonds on the Inside”, 2003, uno de los vinilos de los que surgen más canciones en este tramo del tour. Del nuevo trabajo se destaca, una vez más, la valentía artística y conceptual del guitarrista que pocos músicos se atreven a practicar. También la ira a causa del racismo, la falta de justicia social y la honda tristeza por la pérdida de su amigo. Harper ha grabado las partes del bajo del nuevo trabajo. No suena a folk-blues, suena a… un Harper malhumorado.  

Vista panorámica de la Ciutadella, donde se celebró el concierto

La Ciutadella es un centro cultural de interés nacional que alberga un yacimiento arqueológico que se remonta al siglo IV a. C., cuya fortificación es renacentista, con modificaciones posteriores, ahora convertido en museo. También dispone de una explanada, en una de cuyas esquinas se ubicó el escenario. Al ser un espacio tan abierto el sonido tiende a perderse. Pero cuando el grupo rugió la audiencia siguió la voz de Ben Harper, envuelto en el empaque sonoro de su banda. En los bises cayó “It Ain’t No Use”, del reciente álbum, del que también interpretó “We Need To Talk About It”, un midtempo que escupe dolor. En esta gira, de momento, no ha interpretado ninguna canción de “Get Up!”, 2014, que firmó junto al armonicista Charlie Musselwhite, un sólido pilar del blues.  

Fotos: Gemma Martz