La mirada del niño

Para entender Belfast parece necesario fijarse en los planos que dedica su director, Kenneth Branagh, a la mirada del niño protagonista, Buddy (Jude Hill), porque todo el relato está marcado por su perspectiva infantil. Ese niño representa, claro, al propio Branagh, que en esta película se permite el lujo artístico de recrear algo parecido a sus memorias en un espectacular blanco y negro. Estamos, por tanto, ante un retrato nada realista de la Irlanda del Norte de finales de los años 60, y ante una mirada nostálgica e idealizada que traduce los momentos más tensos de los violentos enfrentamientos sectarios entre protestantes y católicos en clave de western, como puede ser Solo ante el peligro (1952). Branagh mira hacia atrás sin ira, todo lo contrario, su retrato semi autobiográfico de su propia infancia es luminoso, optimista a pesar de los conflictos sociales e históricos, capaz de transformar un funeral en una fiesta. 

Con canciones a cargo de Van MorrisonBelfast se ve con una sonrisa y, quizás, también con alguna lágrima. Branagh elige un reparto de lujo para interpretar a su familia, con Jamie Dornan y Caitriona Balfe como sus guapísimos padres, y nada menos que Ciarán Hinds y Judi Dench como sus abuelos, que son quizás lo mejor de la función. Con una espléndida fotografía de Haris Zambarloukos, hay que decir, sin embargo, que Belfast no es Roma, de Alfonso Cuarón. En la gran obra del mexicano, su punto de vista personal me parece que está más difuminado -Cuarón sería uno de los niños de la familia protagonista- y, además, se da prioridad al retrato social de una época expresado con una propuesta estética apabullante que utiliza el plano secuencia y la profundidad de campo como herramientas narrativas y para crear una distancia emocional. El regreso al pasado del director irlandés está marcado por la cinefilia -las películas forman parte importante de la vida del soñador Buddy-, por el primer amor, por el recuerdo de pequeñas travesuras. Es una mirada complaciente y cariñosa que puede llegar incluso al fetichismo en la reproducción minuciosa de los regalos infantiles recibidos en Navidad: el uniforme de los Thunderbirds o una reproducción de juguete del coche de James Bond. Branagh, que ha firmado una filmografía reciente marcada por el encargo y la superproducción, parece desquitarse en Belfast con su film más personal en mucho tiempo.