Beladrone, ‘Andévalo’ (El Genio Equivocado, 2020)

Álbum de debut del grupo sevillano

¿Se ha convertido Sevilla en la capital española del shoegaze y el noise-pop? A juzgar por la cantidad de bandas que están saliendo de allí, parece que sí. Grupos como Terry vs. ToriEscuelas Pías o Blacanova, nos han mostrado varias caras de este género, y todas han dado resultados notables. Una serie de bandas a las que ahora tenemos que añadir a Beladrone, un grupo formado por miembros de los propios Blacanova, y de Tannhäuser, que este año debuta con un disco lleno de guitarras potentes y distorsionadas. 

Andévalo’ no suena a disco de debut. El hecho que los miembros de la banda ya estén más que curtidos en esto, le da un toque más que profesional. Es más, estamos ante una apisonadora sonora bien engrasada. Su base rítmica, mayormente cruda, conjuga estupendamente con sus guitarras cortantes. Pero eso sí, sin perder ese punto melódico que hace que todo resulte algo menos oscuro. Porque sí, también podemos meter en la ecuación los sonidos post-punk.

Solo con escuchar “La flecha”, el acelerado tema que abre el disco, se puede ver un poco por dónde van los tiros. Aquí, quizá, podríamos apreciar algo de Sonic Youth en ese loop de guitarras que recorre toda la canción. Aunque sí es cierto que hacia el final pisan el pedal de distorsión y su tormenta sonora se deja escuchar por primera vez. Unas directrices que también aparecen en “Cemento”, la cual es incluso un poco más contundente.

Lo bueno que tienen Beladrone, es que utilizan todas las posibilidades que unas buenas guitarras distorsionadas pueden dar. Así, las hacen crujir en el tema que da título al álbum; dejan que su lado más ensoñador salga en “Astro muerto”, o las llevan al desenfreno en “El valle”. Y lo mejor es que todas estas facetas les funcionan. Pero lo más interesante llega al final, que es cuando aparece algún pequeño detalle electrónico que le da otro punto a su música. Ahí está esa caja de ritmos casi bailable que aparece en las ensoñadoras “Palacio oscuro” y “Las monjas”, o esos teclados tan oscuros adornan la muy post-punk “Quema”. Tres temas con los que confirman que, dentro de su mundo de guitarras crudas y distorsionadas, hay todo un mar de posibilidades.

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