La gran ganadora del Festival de San Sebastián -mejor película, dirección, guión y actriz- Beginning, es una obra rigurosa de la directora georgiana, Dea Kulumbegashvili. La protagonista de la historia es Yana (Ia Sukhitashvili), la mujer del líder de una comunidad de testigos de Jehová, que aparece como un ser anulado, existencialmente desesperado, presa del peor machismo, empeñada, sin embargo, en educar a su hijo en la fe: la parábola de Abraham y el sacrificio de Isaac parece ser la ‘guía de lectura’ de esta hermética cinta. 

Este material dramático se presenta de una forma muy exigente para el espectador. La directora presenta su película en una sucesión de planos fijos -hay contados movimientos de cámara- en formato cuadrado y en profundidad de campo. Su cámara no sigue a los personajes ni busca la historia, sino que lo que ocurre debe aparecer delante del objetivo. Este estatismo, además de una ausencia total de música, suponen un esfuerzo considerable que nos obliga a mantener la atención durante planos de larga duración en los que ocurren pocas cosas. 

Todavía más exigente, y esta es la clave de la película, creo yo, es que esta directora nos obliga a interpretar lo que ocurre fuera de plano. A menudo Yana habla con personajes que no vemos. Y ese mundo que dibuja Beginning fuera de campo, supone una amenaza constante de extremismo religioso, de policía inoperante, de violencia machista y de una opresión invisible que ahoga a la protagonista convirtiéndola en una terrible víctima silenciosa de abusos y vejaciones de las que no puede defenderse. 

Cada espectador deberá decidir si la exigencia que supone el visionado de esta película vale la pena, o no. Georgia ha presentado Beginning como aspirante a la mejor película extranjera en los premios Oscar de 2021.