9.0
Score

Final Verdict

En “Live at the Bon Soir” se encuentra la semilla de su éxito. Barbra Streisand, seis décadas después, sigue de diez.

La intérprete norteamericana colecciona unos cuantos 5 estrellas en su discografía. Hoy en día sigue siendo uno de los pilares del negocio, no como se entiende en estos tiempos líquidos, en que un número uno solo alimenta la codicia de obtener cuanto antes el siguiente, sino de sostener y dar brillo y sentido social e histórico a un catálogo. Sí, hablamos de canon. Suena “Cry Me a River” y hay que hacer una pausa y escuchar. Nadie ha vuelto a teatralizar esa pieza como Barbra Streisand, Brooklyn, NYC, 1942. Esa tune era la apertura de su primer álbum para Columbia, el sello de relumbrón durante décadas, titulado de manera sencilla “The Barbra Streisand Album”, 1963. Desde que se editó se convirtió en clásico.

¿Cuántos cantantes con solo veinte años han conseguido un 5 estrellas, con su debut discográfico? Estamos delante de una grabación histórica, “Live at the Bon Soir. Greenwich Village, NY November 1962”, que sale a la luz cuando la vocalista ya es octogenaria y una figura incontestable de Broadway, donde la descubrió su sello, al cual sigue vincula, y Hollywood, donde actuó, por ejemplo, en “Funny Girl”, 1968, que le valió un Oscar; “¿Qué me pasa, doctor?”, 1972;  y dirigió películas, como “Yentl”, 1983, o “El príncipe de las mareas”, 1991. O en este documental, “Barbra: The Music… The Mem’ries… The Magic!”, 2013, en el que galardones como Emmy, Grammy, Óscar y Tony la contemplan. 

Columbia tenía claro a quien firmaba y decidió “congelar” la primera grabación de la cantante, pues no les gustó el sonido. Solo han tardado sesenta años en encontrar una mezcla que les satisfaga. El resultado es esta joya en directo, grabada en un club de su ciudad, el Bon Soir, que al parecer no reunía las condiciones necesarias. Pero se sabía que había buen material y once de las canciones de aquella noche de noviembre, se grabaron de nuevo en estudio, pasando a ser el corpus integral del disco de debut, de una de las más grandes cantantes de pop –si entendemos que el pop empezó en los años cuarenta con Frank Sinatra–, pues Streisand grabó un álbum contracultural.

No quería cantar a los grandes del cancionero norteamericano y menos de la manera que lo hacía Sinatra. Streisand escogió el cabaret y los musicales – de hecho, entonces, ya triunfaba en los escenarios de Broadway –, que favorecieran sus dotes dramáticas,  melódicas y cómicas, como en “Who’s Afraid of the Big Bad Wolf? o “A Taste of Honey” o “Happy Days Are Here Again”. En ambas, está espléndida. Y si tenía necesidad de acudir a los grandes compositores norteamericanos, buscaba canciones oscuras. Cuando opta por Cole Porter escoge “Come to the Supermarket (In Old Peking)”. Cuando canta a Rodgers & Hart, se decanta por “I’ll Tell The Man In The Street”, y de Fats Waller y Andy Razaf, escoge “Keepin’ Out of Mischief Now”. Impecable en las tres. Esas interpetaciones son el resultado del inmenso talento de una joven mujer de veinte años.

A esa temprana edad, el control vocal que presenta Streisand es cuando menos es deslumbrante. El fraseo y la dinámica que impone son tan sofisticados, como inteligentes. La vocalista, que se siente como pez en el agua en el ambiente de un club nocturno, en el que además de cantar hay que hacer algo más, como largar un comentario simpático o mordaz, según el clímax existente, sabe en todo momento qué hacer y cómo hacerlo. Esta actuación no solo preserva una gran estrella, sino que bebe de las variadas tradiciones del cabaret y el teatro musical. Al tiempo que regala aire fresco al oficio, desde la cultura de club. Entre otros valores musicales, la preservación de documentos audiovisuales dan de tanto en tanto muy agradables sorpresas como esta. En “Live at the Bon Soir” se encuentra la semilla de su éxito. Barbra Streisand, seis décadas después, sigue de diez.