7.9
Score

Final Verdict

Band of Horses reviven con 'Things Are Great', su mejor trabajo en quince años, y un disco mucho más pop en el que cuesta encontrar una canción que no sea notable.

No queremos ser malos, pero hay que reconocer que, por mucho que nos gustaran los dos primeros trabajos de Band of Horses, la banda de Seattle entró en barrena a partir de su tercer álbum. Toda esa magia que encontrábamos en sus primeras canciones desapareció de repente, y tan solo conseguían acercarse a ella en contadas ocasiones. Ni siquiera cuando recurrieron a los servicios de Jason Lytle (Grandaddy), con el que consiguieron meter un par de singles notables en un disco que no consiguió cuajar. Quizá, por eso, se han tomado un descanso más largo de lo habitual, para volver a tomar las riendas de su carrera y conseguir dar con otro gran álbum. Y podemos decir que lo han conseguido.

No os fieis mucho de su título: ‘Things Are Great’ es un disco más bien pesimista. En la gran mayoría de sus canciones, Ben Bridwell canta sobre la depresión, el acudir a terapia, y lo difícil que muchas veces resulta hacer algo que para el resto del mundo es de lo más sencillo. Algo que se puede apreciar fácilmente en un tema como “In Need of Repair”, en el que habla sobre la necesidad de cambiar de vida y no conseguirlo. Y todo con un fuerte punto melódico, el cual culmina en un estribillo derrotista, pero enormemente pegadizo. La verdad es que es una canción enorme.

Se podría decir que estamos ante el disco más directo y pop de la carrera de Band of Horses. Ahí están “Crutch” y “Lights”, dos de lo singles principales, y dos de las canciones más exuberantes de su carrera. Y es que, en ellas, se van hacia un indie más cercano al pop que al rock. Lo que hace que logren dar con un par de estribillos redondos y una melodía por la que pagarían muchos grupos de power-pop. Pero también muestran este lado más melódico en “Ice Night We’re Having”, en la que incluso rebajan el nivel de intensidad de las guitarras. Y tenemos que decir que dan totalmente en clavo. O Incluso en una semi-balada como “Tragedy of the Commons”, que es toda una preciosidad.

Tampoco se olvidan de dejarnos esas canciones marca de la casa en las que el folk se adentra en terrenos del indie-rock. Pero aquí también hay cambios, porque lo cierto es que han endurecido notablemente sus guitarras. Algo que se puede apreciar en prácticamente todo el álbum, pero especialmente en un par de temas. El primero es el vibrante “Warning Sings”, que abre el disco entre subidas y bajadas de distorsión. Y el segundo es “Aftermath”, un corte bastante más melancólico que está lleno de tormentas guitarreras. Lo bueno es que los dos funcionan a la perfección, como casi todo el álbum.