8.0
Score

Final Verdict

En algunos pasajes no solo escuchamos música, caemos de lleno en el estadio de la belleza. La percepción es que no solo estamos frente a una música que invita a la introspección. Estamos ante un cuadro. Ante una pintura en movimiento.

Según se mire el oyente, el simple aficionado a la música se puede encontrar frente a un desafío. El que presenta la compositora japonesa y sus compañeros noruegos. De entrada, asume como propio un principio que para muchos es radical, no aceptable, una disonancia conceptual, etc. El trío en “Ruins”, tema que abre el álbum interpreta silencio. Simple silencio. El dilema está servido.

Para más inri el librito, que se ajusta a las siete piezas que componen el disco, suele ser un elemento auxiliar en el que encontrar una respuesta, una explicación, una dirección o la confirmación del disparate musical… ¿musical… si no se escucha nada?… al desafío al que nos enfrentamos. Asimismo, el cuaderno es un ejemplo más del minimalismo del que hacen gala los músicos. No contiene texto alguno, solo las fotografías de rigor y los datos de grabación. Conclusión: nos enfrentamos al vacío.

Aquellos audiófilos más avezados suelen ser más escépticos por resilientes y más abiertos por entender que una propuesta de estas características más pronto que tarde emitirá algún sonido. Las notas volverán. ¿De qué notas nos están hablando? La pregunta es pertinente para aquellos que creen que el silencio no es solo un espacio dentro del espacio. El silencio es una nota musical cuya función es dar sentido a las notas convencionales a las que estamos acostumbrados. Por tanto, aplaudir, toser, sisear, etc durante los silencios son acciones pocas razonables, escasamente educadas y nada musicales.

Los músicos están trabajando, están entretenidos jugando con diálogos no silentes a lo largo del álbum, el primero en calidad de líder de Tanaka para ECM. Las improvisaciones no están exentas de filosofía, digamos, nipona, y una expresiva admiración por el jazz nórdico que planea con mayor intensidad en las piezas “Ichi” y “Towards the Sea”, composiciones ambas, firmadas por el trío. Christian Meaas Svendsen, al contrabajo, también es coautor de «Zephyr”. No hay que desconfiar, el contrabajista y el batería Per Oddvar Johansen se desenvuelven con soltura en los patrones rítmicos que se les supone.

Cuando hablamos y hacemos una pausa establecemos mediante ese silencio volutivo una intención: que nuestras palabras calen en el interlocutor. La música funciona de manera similar. El silencio no es una molestia, no es la puerta de entrada a la angustia. Es más que un simple puente entre notas, en sí mismo es una nota. No se debe interrumpir. Tampoco es un respiro. Los músicos siguen atentos a sus sonidos compositivos. El movimiento sonoro no se detiene.

La musicalidad de Ayumi Tanaka y sus compañeros noruegos lo complica un poco más. Un análisis ponderado nos puede indicar que la música que practican no es jazz stricto sensu, que se acerca más a la música de cámara, y, si se prefiere, a la música contemporánea. A pesar de todo, sigue siendo una diatriba menor. Si observamos con atención, el trío opta por mostrarse ora expresionista, ora minimalista. “Tocar música para comunicarme con otros sin palabras se convirtió en una pasión y una forma de expresar mis emociones”, asegura la pianista y compositora, que, entre otros, ha interpretado a Béla Bartók, Sergej Rachmaninoff, Akira Miyoshi y Maurice Ravel.

Mientras viajamos de un lugar a otro, las improvisaciones de la pianista pueden interpretarse como un mensaje de esperanza. En algunos pasajes no solo escuchamos música, caemos de lleno en el estadio de la belleza. La percepción es que no solo estamos frente a una música que invita a la introspección. Estamos ante un cuadro. Ante una pintura en movimiento. Los colores, las figuras, las líneas, los paisajes o lo que nos dé la imaginación los aporta cada cual. Una digresión más: el oyente si entra en el juego expresionista puede deleitarse escuchando las canciones en orden invertido.

No lo deben hacer tal mal cuando es la segunda experiencia discográfica del trío. Su anterior disco “Memento” es de 2016. En Noruega se valora el impacto compositivo e interpretativo de la músico japonesa [masculino inclusivo, la música define la disciplina, no a quien la ejecuta] que reside en Olso desde 2011. Un álbum idóneo para olvidarse de todo y restar puertas a nuestros estereotipos. Por alguna razón todo pasa bajo el agua…