El sexto «libro negro», el nuevo lanzamiento de la indispensable Dirty Works, supone un retorno muy esperado para este lector: el de Óscar Zeta Acosta. Hace dos años, gracias a la editorial Acuarela & Machado y la publicación de La revuelta del pueblo cucaracha, servidor descubría que el mismísimo Dr. Gonzo, el compañero de delirios de Hunter S. Thompson en Miedo y asco en Las Vegas no sólo era un alucinado experto en estupefacientes, leyes y kamikazismo en general, sino también un escritor de aúpa —la novela fue reseñada con fervor en su momento y escogida entre nuestros libros preferidos de 2014 en Indienauta—. Y ahora lo podemos corroborar con este rescate de su Autobiografía de un búfalo pardo. Cuidado, ¡la estampida es inminente!

Publicada originalmente en 1972, un año antes que La revuelta…, Autobiografía de un búfalo pardo vuelve a ser una historia de excesos, de vida en los márgenes siempre a punto de la combustión nada espontánea. De un camino propio establecido a base de hostias, algunas provocadas y merecidas, otras resultado de la mentira atroz que es el «Gran Sueño Americano». El relato de una locura en forma de experiencias pasadas y viaje hacia lo desconocido causada por una inextinguible comezón interna junto a una realidad injusta y frustrante. Óscar Zeta Acosta en busca de «su lugar en el mundo» y su identidad. Y de saciar su ingente hambre por la vida, más grande que toda la población de bisontes —300.000 según Wikipedia— existentes hoy en día. Ni que decir tiene, en febril, esquizoide desbandada.

Aunque esperado, el libro es un festín literario —traducido al castellano de nuevo por Javier Lucini a quien creo debemos agradecer muy especialmente la aparición del autor chicano en nuestro país— para todos aquellos que llevamos adscritos a la «secta del Gonzo» desde hace muchos años. Para quienes creemos que una prosa afilada nace de las vísceras, no de un enciclopédico conocimiento del diccionario de sinónimos. O para los que entendemos la literatura como la forma de expresión de un ser humano inconformista con «algo que contar», poseedor de una visión de la vida propia e insobornable. Desde sus primeras páginas, saludando al incauto lector con una buena dosis de vómitos, bilis verdosa y úlceras sangrantes, Acosta nos sumerge sin cortapisas en sus vivencias, desordenadas —el pasado y el presente son parte de la misma explosión—, narradas a borbotones repletos de sardónica ironía. Pedazos de una vida narrada entre el delirio, la angustia y la incipiente lucha, a veces un sarpullido de anécdotas sencillamente increíbles, otras una erupción de situaciones alucinantes. ¡Bienvenidos sean siempre los pirómanos literarios!

¿Qué nos cuenta el «Búfalo pardo» en estas páginas? Una trayectoria, la suya, marcada por una infancia y adolescencia arisca e incierta, entre el torturador sobrepeso, el escaso atractivo físico y el flagrante, rampante, racismo. Un «bicho raro» de los suburbios de una Riverbank, California, donde impera la religión y, sobre todo, las diferencias de clase y procedencia. Donde pesa la raza por encima de los sentimientos desbordantes. La experiencia formativa de un joven volátil, impetuoso, cuyos desengaños desembocan en una adultez rebelde, etílica y extrema, que tanto le puede llevar a ejercer de misionero con pies de barro —y guadianesca fe— a ejercer una profesión, la abogacía, con mortificante, ulcerosa desgana. Hasta que se echa a la carretera —no podría ser de otra forma—, desesperado y vitriólico, a la caza de una dirección personal, de un sentido vital.

Con unos Estados Unidos en plena convulsión de fondo, el presente narrado por Acosta en estas memorias fluctúa entre el hippismo y las drogas alucinógenas, ansias de revolución envueltas en las brumosas aguas del LSD. Entre un futuro de falsas promesas de libertad —imagino que también de sexo libre, las mujeres que le rompieron el corazón ocupan una parte nada desdeñable de la obra—, un terapeuta metomentodo que asalta su imaginación sin permiso, y una serie de encuentros con personajes tan singulares como él, en especial —cómo no— con Hunter S.Thompson en Colorado. Un puñado de páginas absolutamente memorables, desequilibradas, vitales y pletóricas, anticipando el inicio de una amistad que dinamitaría el «Gran Sueño Americano» y el paso previo a un viaje crucial a Juárez, donde nuestro protagonista va a toparse, con crudeza y surrealismo, con quién es realmente. El nacimiento del defensor de los «vatos locos», de un héroe —a su pesar— de la causa chicana.

Porque, en definitiva, en esta Autobiografía de un búfalo pardo Acosta, igual que Hunter, o como hicieran en su momento Valle-Inclán, el gran John Kennedy Toole o el también esencial y «Dirty» Harry Crews, coloca sus «espejos deformantes», grotescos y en este particular caso gravemente intoxicados, para retratar, exponer y amplificar una realidad absurda, hiriente, en contraste frontal y exasperante con la mal llamada «tierra de la libertades». Ofreciendo la verdad a través de la enajenación, perdiendo el control frente a una existencia anestesiada y mediocre. ¿Os imagináis a Raoul Duke y el Dr. Gonzo ante este año electoral en el que podría salir elegido Donald Trump? Sería increíble… y necesario. A veces no queda más remedio que enloquecer para encontrar algo de luz en un mundo trastornado… Pocos mejores que el «Búfalo pardo» para contarlo. No os lo perdáis.