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Discos

Bailen, “Thrilled To Be Here” (Caroline, 2019) 

Un sencillo buceo en la red proporciona la posibilidad de degustar unas cuantas actuaciones en directo de Bailen, casi todas ellas centradas en la desnudez y el sonido acústico del trío. Escúchese, por ejemplo, su interpretación del single (y tema de apertura de su debut discográfico) ‘Something Tells Me’ desde los estudios NunOise de su Nueva York natal. Ahí encontramos todo lo que hace falta para descubrir que tienen algo especial. Basta ver a los dos gemelos Bailen y a su hermana ocupándose solitos de sus instrumentos (guitarra, bajo, teclados y batería) y, sobre todo, la imponente forma en la que los tres unen sus voces en unas armonías que ponen los pelos de punta y que, sí, poseen algo de ese “toque Fleetwood” que tanto bueno hizo por las también hermanas Haim.

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The Gold, “The Gold” (Mean Disposition, 2019) 

Lo siento, Marie Kondo, aquí no tienes nada que hacer. Los que necesiten orden y limpieza para estabilizar sus vidas mejor que miren ara otro lado, porque The Gold han llegado para rendir homenaje a los callejones más sucios del barrio, a las mesas de salón que acumulan remanentes tóxicos, a los camerinos saturados de pintadas y muescas, al rock más arrastrado y repleto de actitud.

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Lucy Rose, “No Words Left” (Communion/Caroline, 2019) 

“La conversación no es sencilla, pero tengo mucho que decir”. Como frase de apertura de un disco no sólo es perfecta, sino que además encapsula el ánimo con el que la británica Lucy Rose afronta este trabajo, el cuarto de su carrera. Ha sido un año muy duro para ella, repleto de contradicciones e inseguridades, pero eso justamente sirve de telón de fondo para que nos regale su colección de canciones más honestas y desgarradoras, por mucho que le no haya sido fácil afrontarlo.

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Avey Tare, “Cows on Hourglass Pond” (Domino 2019) 

Han pasado ya diez años desde que Merriweather Post Pavillion convirtiera a Animal Collective en la deidad gigantesca que son hoy, ejemplo perfecto para ser esgrimido tanto por los defensores como por los haters de la música independiente del s.XXI. En este tiempo transcurrido, tanto el colectivo como sus dos figuras más destacadas –Noah Lennox (Panda Bear) y David Portner (Avey Tare)- han seguido a su bola, publicando obras oscuras y exploratorias que a menudo podían llegar a desquiciar a los que llegaron a ellos seducidos por los valores pop que en sus momentos más accesibles destacaban por encima del jugueteo lisérgico.

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Boy Harsher, “Careful” (Nude Club, 2019) 

“Con cuidado”, nos dice el título. Para August Muller y Jae Matthews, ese “Careful” ha sido una especie de mantra que les ha ayudado a sobrellevar los embates sufridos en los dos últimos años, desde pérdidas familiares hasta una crisis de pareja que casi acaba con este proyecto musical (en la historia de Boy Harsher, primero fue el romance y luego la alianza creativa).

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Perfect Son, “Cast” (Sub Pop 2019) 

Ya es sabido que el sello Sub Pop ha evolucionado mucho y ha abierto su paleta desde aquellos tiempos en los que construyó su prestigio y su fortuna sobre los hombros del sonido que empezaba a cocerse en su ciudad, Seattle, en una escena que el mundo acabó conociendo como grunge. Con todo, puede resultar sorprendente que hayamos llegado hasta este punto, el del fichaje de su primer artista polaco, Perfect Son. Y no se trata de un polaco asimilado estadounidense, pues hablamos de que Tobiasz Biliński reside en Varsovia, y fue allí donde dio forma, junto a un puñado de compatriotas afines, a los sonidos del disco con el que ahora debuta en el sello americano.

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Beth Gibbons, Krysztof Penderecki, Polish National Radio Symphony Orchestra, “Henryk Górecki, Symphony Nº3, Symphony of Sorrowful Souls” (Domino 2019) 

Van pasando años que nunca recuperaremos y seguimos asistiendo al drama que es que alguien como Beth Gibbons se prodigue tan poco con su voz. Su legado grabado se limita a tres discos en estudio y uno en directo con Portishead, y a una preciosa colaboración con Rustin Man que no da visos de tener continuación planificada. De ahí que la noticia de una nueva publicación suya en este 2019 fuese motivo de gran celebración y expectación. Al final, la cosa tiene algo de truco, ya que el disco (y película-concierto) en cuestión es la grabación del recital que ofreció en Varsovia en noviembre del 2014, junto a la orquesta nacional polaca y bajo la dirección del mismísimo Krzysztof Penderecki, leyenda por derecho propio como compositor de música contemporánea y bandas sonoras.

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Jessica Pratt, “Quiet Signs” (Mexican Summer 2019) 

Música sencilla para tiempos complicados. No es la primera vez que algo así funciona a la perfección. Ya en los 60, el folk se convirtió en uno de los vehículos preferidos de la contracultura juvenil para musicalizar sus inquietudes. De momento, la obra de Jessica Pratt no parece tener una agenda socio-política que cumplir, pero sí que ha encontrado un insólito encaje en un contexto actual dominado por la irritación, la sobrecarga de información, las fake news y la polarización ideológica. La cantautora Angelina ha llegado para acurrucarnos con sus delicadas tonadas y para calmar nuestros ánimos con su voz de duende aniñada (similar a la de Joanna Newsom y CocoRosie, aunque con un tono mucho más dulce).

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Steve Gunn, “The Unseen In Between” (Matador, 2019) 

Tras su fichaje por el sello Matador en 2016, Steve Gunn ha ido recibiendo algo de la atención pública que hasta ese momento se le negaba, si bien aún dista mucho de disfrutar de una posición comercial a la altura de las alabanzas que le dedican muchos de sus ilustres compañeros de profesión (Lee Ranaldo, por ejemplo, es fan declarado; Kurt Vile le tuvo en su banda durante un tiempo; y el bajista de Dylan, Tony Garnier, quedó tan impresionado con él que acabó grabando todos los bajos de este nuevo disco).