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Cine/TV

The Get Down: el Hip Hop contraataca 

LEs difícil resistirse a la propuesta de The Get Down si naciste, como yo, a mediados de los 70. La serie de Baz LuhrmanMoulin Rouge (2001)- se apropia del espíritu de esos años previos a los consumistas 80 -bien representados, en el episodio final, con el nuevo «loro» de Sony- recreando perfectamente una época que tiene el sonido rugoso de las cintas de cassette, los colores vivos de la ropa que llevábamos, el tacto del papel barato de los cómics de Marvel, la energía de bailes coreográficos que parecían poder cambiar el mundo y sobre todo Star Wars (George Lucas, 1977), una maravilla misteriosa que se podía interpretar como un sueño revolucionario y que no era la mastodóntica franquicia de hoy. En aquella época los musicales parecían todavía vigentes -pronto llegarían los primeros videoclips- y quizás vuelvan a serlo ahora, tras el éxito de

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Tu nombre: cuando el destino nos alcance 

Una de las ideas más bonitas en la ficción -y menos prácticas en la vida real- es la de que el destino nos ha unido a un ser amado. Como si estuviésemos predestinados a querer a una sola persona, eso que llaman «el amor de tu vida». Tu nombre, el anime más taquillero desde El viaje de Chihiro (2001), se sostiene sobre esta romántica idea.

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Ghost in the Shell: el alma del remake 

Ghost in the Shell, el anime de 1995, predecía lo que el blockbuster de fantasía quiere ser hoy. Secuencias de acción espectaculares y una trama de ciencia ficción que, con suerte, pretende aportar una dimensión más, un discurso, al mero entretenimiento rompe taquillas. Influyente en obras posteriores, como Matrix (1999), era cuestión de tiempo que Hollywood fabricase una adaptación en imagen real, algo posible gracias al avance imparable de los efectos digitales. Sin embargo, este remake se antoja tardío y también inocuo. Veamos.

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Mesa 19: para los que odian las bodas 

Si los finales felices de las comedias románticas suelen tener lugar en una apoteósica boda, lo mejor que se puede decir de Mesa 19cuyo casi único escenario es un enlace matrimonial- es que convierte dicha celebración en un trance amargo mucho más cercano a la realidad.

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Iron Fist: ser o no ser, pequeño saltamontes 

Iron Fist viene a completar el póker de superhéroes de Marvel/Netflix tras DaredevilJessica Jones y Luke Cage, que se reunirán enseguida en Los Defensores (2017), equivalente televisivo a Los Vengadores del cine. En oposición a las aventuras cósmicas de estos últimos, los personajes de estas ficciones tienen un planteamiento más realista, más oscuro y sobre todo más urbano. Las peleas callejeras de Daredevil poco tienen que ver con la capacidad de personajes como HulkThor para dejar en ruinas una ciudad entera. Firmemente ligados a la ciudad de Nueva York -seña de identidad de la editorial Marvel– estas series de Netflix han tenido mucho cuidado de no dejarse llevar por el colorido pop de los cómics clásicos, para no perder credibilidad de cara al espectador. Chris Evans puede vestir los colores chillones del Capitán América porque protagoniza una superproducción de elevado presupuesto, mientras que Charlie Cox no se enfunda en la armadura roja de Daredevil hasta el último episodio de la primera temporada de su serie, modesta en comparación con las películas. De igual manera, Danny Rand (Finn Jones) no vestirá las mallas verdes ni el pañuelo amarillo del Iron Fist de los tebeos. Primer error, en mi opinión. Porque la naturaleza del personaje -creado por Roy Thomas y Gil Kane en 1974- se presta mucho más a la fantasía que sus compañeros. Si Daredevil es puro relato superhéroico, Jessica Jones es novela negra, y Luke Cage blaxploitation, Iron Fist nació inspirándose en las películas de kung-fu: primero en la película The Duel (Cheh Chang, 1971) -aunque también en las aventuras orientales del personaje creado por Bill EverettAmazing-Man (1939)-. Puño de Hierro surgió justo después de la muerte de Bruce Lee en 1973 y su vida editorial apenas sobrevivió el final de aquella moda. Luego tendría que unir fuerzas con Luke Cage, compartiendo aventuras en sus cómics, como pronto lo hará en la pequeña pantalla.

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El Bar: costumbrismo paranoico 

El Bar es una de las mejores muestras del cine de Álex de la Iglesia. El último exponente de una filmografía única, en la que el director de El día de la bestia (1995) ha cultivado una mezcla muy personal de cine género y comedia costumbrista. Pocos autores de nuestro país dominan tan bien el retrato del español medio como de la Iglesia y su guionista habitual, Jorge Guerricaechevarría. Ambos suelen fabricar, además, diálogos afilados, de esos que parecen haber sido escuchados en la calle, en el metro, en el bar. Todavía menos directores españoles tienen el ojo privilegiado del realizador de La comunidad (2000), que suele conseguir con aparente facilidad imágenes potentes, de cómic, de esas que se quedan en la memoria, en cada una de sus películas -incluso las fallidas- y que compone secuencias narrativas muy sólidas con su cámara. Pero en lo que creo que Álex de la Iglesia es absolutamente único es en su capacidad para coger cualquier género cinematográfico -thriller, terror, ciencia ficción- y hacerlo verosímil en el contexto de una película española. La clave debe ser, muy probablemente, el filtro del personalísimo humor -negro- del bilbaíno.