Drácula de Radu Jade
Si hacemos caso al experto David J. Skal, el irlandés Bram Stoker no se inspiró más que mínimamente en el héroe nacional rumano Vlad Tepes, conocido como el empalador, para escribir su famosa novela Drácula en 1897. Sin embargo, la relación entre el personaje histórico y el ficticio vampiro transilvano ha servido como coartada para darle un giro novedoso a varias películas -principalmente a partir de Drácula, de Bram Stoker (1992) de Francis Ford Coppola- y, sobre todo, para propulsar la industria turística local de Rumanía, con mucho oportunismo y no demasiada vergüenza. Esto último lo aprovecha el director rumano Radu Jude para pergeñar su propia versión de Drácula (2026) que, más que una reinterpretación del texto clásico, es un nuevo ensayo cinematográfico del autor, en el que mezcla ficción, documental e imágenes generadas por IA, todo con el único fin de poner en solfa la sociedad actual.









