Bad Apples
En una de las grandes obras maestras de Fritz Lang, M, el vampiro de Dusseldorf (1931), un asesino de niños (Peter Lorre) campa a sus anchas en la ciudad provocando el pánico. Ante la incapacidad de la policía para capturar al psicópata, los bajos fondos -mafiosos, ladrones y mendigos- deciden cazarlo y juzgarlo, no para hacer justicia, sino para restablecer el orden, una suerte de equilibrio no pactado entre el submundo criminal y la ley, que se había roto por las acciones de un solo individuo. En la película, Lang consigue que un monstruo acabe pareciendo una víctima ante la violenta justicia del improvisado tribunal, en un alegato contra la pena de muerte. No sé por qué, la estupenda Bad Apples (2026) me ha hecho pensar en Lang y su vampiro, aunque en un tono muy distinto.









