En un disco en el que Yorke está de por medio, la electrónica tenía que ser la principal protagonista. La obsesión que le ha entrado a este chico por los sonidos que fabrica Burial vuelve a estar más que presente en estas nueve canciones. El disco empieza muy bien con Before Your Very Eyes (un tema que no desentonaría en “Eraser”) y, sobre todo, con Default –aunque tanto amor por los beats fríos y deprimentes termina cansando–. Lo bueno es que no sólo se han fijado en el dichoso dubstep, sino que también tienen algún guiño al jungle que inundó las pistas de baile a mitad de los noventa. En el tercer tema es donde entran claramente Flea y Godrich para mitigar las preferencias de Yorke por la electrónica –si cuentas con uno de los mejores bajistas del mundo, lo normal es utilizarlo–. Ingenue, una canción en la que casi se van al free-jazz, está basada en una densa línea de bajo, pero es sólo un pequeño respiro entre tanta base enlatada. El siguiente tema, Dropped, es una canción oscura en la que el bajo de Flea se fusiona con una base endiablada (de ahí lo que comentaba del jungle), logrando uno de los momentos más grandes del disco –la parte final en la que entra el teclado es abrumadora–.

Como ya he dicho, aquí hay mucho de Thom Yorke (y está Godrich), por lo que los sonidos de los últimos discos de Radiohead también salen a relucir. Una buena prueba es la electrónica minimalista de Unless, que recuerda mucho al fallido “The King of Limbs” y llega a cansar un poco. Lo mismo pasa con la larguísima Atoms For Peace, que da título al álbum y lo cierra. En este trabajo, uno de los problemas es la duración de las canciones. Algunas se hacen excesivamente largas. Por eso mismo, se agradecen composiciones más directas y más cercanas al pop como Judge, Jury And Executioner, que, con su estribillo pegadizo y su guitarra, nos transporta a los Radiohead de principios de los 2000 (esos que muchos seguidores de la banda de Oxford estamos esperando que vuelvan). Y lo mismo pasa con Reverse Running, en la que Flea saca la guitarra de paseo y Yorke vuelve a cantar lamentándose. Al final, tenemos una colección nada desdeñable de buenas canciones. Es una lástima que se les haya ido la mano con la duración de muchas de ellas.

Es un trabajo notable, que recupera parte de la vertiente más melódica de Yorke (que parece que aquí disfruta cantando), y que nos devuelve la Fe a los que dejamos de creer en los de Oxford. La pena es que no les dé más protagonismo a los otros miembros (hay canciones en las que el bajo de Flea brilla por su ausencia), y pierdan la oportunidad de crear algo diferente.