Aunque casi siempre asociamos la infancia al momento más feliz de nuestras vidas, la vulnerabilidad de los niños los convierte en víctimas fáciles para todo tipo de desgracias. La ficción ha dado buena cuenta de ello con obras tan conocidas como Oliver Twist (1837) de Charles Dickens o Los 400 golpes (1959) de François Truffaut y hasta la reciente The Florida Project (2017) de Sean Baker.

En esta línea se inscribe Softie, dirigida por el francés Samuel Theis y merecedora del premio a la mejor película en el Atlàntida Mallorca Film Fest.

La película descansa sobre los pequeños hombros del actor Aliocha Reinert, convincente en el papel de Johnny Jung, un niño de 10 años enfrentado al abandono de su padre, a la irresponsabilidad de su madre y a la rebeldía de su hermano mayor.

Así, Johnny es un niño que debe cuidar de sí mismo, sin adultos como referentes y que encima debe encargarse de su hermana pequeña. Un niño-adulto que se enfrenta al complicado trance hacia la adolescencia con una dificultad añadida: se ha enamorado de su profesor (Antoine Reinartz). 

Softie es una película que se ve con el corazón en un puño: el desamparado Johnny se gana nuestra simpatía enseguida y su sensibilidad -que esconde a casi todo el mundo- nos hace temer por lo que le pueda pasar.

La cinta de Theis es un retrato social que no carga las tintas en lo melodramático, ni se conforma con personajes ‘buenos’ o ‘malos’, sino que nos habla de las dificultades que tiene un niño para escapar de las etiquetas que diferentes grupos sociales le irán colocando: por no tener recursos económicos, por ser el favorito del profesor, por ser buen estudiante o por su orientación sexual.

Una película humana y emocionante que habla de la infancia, de las desigualdades, del sistema educativo y hasta de cómo cada vida puede decidirse, para bien o para mal, durante la complicada adolescencia.