Las historias sobre el paso de la juventud a la madurez suelen ser irresistiblemente atractivas. Mejores o peores, inevitablemente nos sentimos identificados porque, al fin y al cabo, todos hemos vivido esas experiencias -o, si tienes la suerte de ser joven, estarás deseando vivirlas-.

El primer amor, el difícil trance de cortar el cordón umbilical que nos une a la familia -padres, hermanos- y el descubrir a los que serán nuestros amigos de toda la vida son la materia de Magnetic Beats, primer largometraje dirigido por el actor francés Vincent Maël Cardona.

Ambientada en los años 80 en Bretaña, el protagonista es el solitario, retraído y silencioso Phillipe (Thimotée Robart) que se enfrenta a todas esas cosas que he mencionado antes y, además, al servicio militar. La película tiene cierta vitalidad y se apoya en imágenes que buscan ser sensoriales antes que narrativas, que quieren transmitir un estado de ánimo, la idea -nostálgica- de una época de cambios -¿No lo son todas?- y en la que la tecnología analógica adquiere protagonismo ya que Phillipe y su hermano tienen su propio programa de radio, una idea estupenda que, en realidad, tiene menos desarrollo del que me habría gustado.

Cardona prefiere seguir los pasos vitales de Phillipe al ritmo de temas de Joy Division Iggy Pop, pero acaba cayendo -creo yo- en clichés repetidos en decenas de películas similares -esa escena en la Phillipe baila con un walkman– por no hablar del manido recurso de la narración mediante una voz en off que me parece demasiado explicativa.

Hay sin embargo, momentos que creo que valen la pena: la emoción de ese padre, de los de antes, al ver a su hijo marcharse, y que no se atreve a expresar sus sentimientos; la voz grabada de forma secreta en una cinta para confesar un amor prohibido. Pero quizás Magnetic Beats abarca demasiadas situaciones: la relación del protagonista con su hermano, su capacidad para expresarse con la música creando sonidos, o su experiencia en el servicio militar. El argumento pasa de una cosa a la otra sin conseguir que cada episodio sea suficientemente significativo, lo que acaba lastrando el conjunto.