Universo cerrado

Wes Anderson da un paso más en Asteroid City en su propia y personalísima concepción del cine. Una evolución que podría haber alcanzado aquí su máximo exponente: esta película parece el resultado de pedirle a la famosa Inteligencia Artificial que haga una obra al estilo de Wes Anderson. Sus rasgos de estilo se acentúan consiguiendo una estética apabullante, pero que también corre el riesgo de petrificarse. Y es que el director nacido en Houston sigue persiguiendo el plano perfecto. Si mi sensación tras ver La crónica francesa (2021) ya era que se podía imprimir cada fotograma para colgarlo en la pared, aquí Anderson consigue una obra preciosa, en la que todos los elementos -encuadre, la fotografía de Robert D. Yeoman, el diseño de producción, los decorados, el vestuario y hasta la fisonomía de los actores- se conjugan para que cada plano sea una fugaz delicia para los ojos. Esto, como ya he dicho, conlleva cierto estatismo narrativo, que curiosamente choca con la voluntad de Anderson de contar historias, de crear personajes, y de escribir diálogos tremendamente literarios, que incluso parecen creados para ser leídos antes que escuchados.

Asteroid City es una curiosa mezcla de western y ciencia ficción, en clave de comedia, con estética de postales y carteles de los años 50, elementos del cartoon y hasta un personaje animado por stop motion, que se nos presenta como un universo completamente cerrado sobre sí mismo, que no esconde su naturaleza de cuento, mostrándonos un ‘detrás de las cámaras’ imposible, en formato cuadrado y en blanco y negro, narrado por un Bryan Cranston en plan Rod Serling. Como ya resulta habitual en el cine de Anderson, tenemos un amplio elenco de estrellas -fantástica Scarlett Johansson– en el que, sin embargo, brillan más los actores de menor relumbrón y, por supuesto, los niños, que aportan una muy necesaria frescura a una película en la que todo parece muy medido. Y con estos elementos, Anderson nos cuenta lo de siempre, una historia de familias rotas, de personajes marginados y excéntricos, tan inteligentes como sensibles e inseguros, que buscan afrontar la pérdida, enamorarse o encontrar nuevos amigos. Historias humanas, en definitiva, con un envoltorio de nostalgia congelada en el desierto.