Asamblea es la ópera prima de Álex Montoya, premiado cortometrajista que adapta una obra teatral, La Gent, colaborando con los propios autores de la misma, Juli Disla y Jaume Pérez. No se esconde ese origen ya que la historia mantiene la unidad del espacio y se apoya sobre todo en el texto y en las interpretaciones. 

El planteamiento es sencillo: un grupo de personas se reúnen para votar acerca de una propuesta, la implantación del ‘concierto’. Este concepto se mantiene en el misterio y en la abstracción, es un mcguffin, ya que lo que importa realmente es el retrato social de los diferentes caracteres que asisten a la asamblea: el divorciado, el ‘cuñado’, la perro flauta, la pija, la parejita, etc. 

Con diálogos costumbristas, y con buen ojo para definir personajes reconocibles, Asamblea acaba metiéndonos en su dinámica y haciéndonos reír. Es verdad que la indefinición de la naturaleza de la reunión y del grupo, resta fuerza a la propuesta: creo que ese mecanismo funciona mejor en el teatro -más intelectual- que en el cine, que tiende a ser más realista y concreto. Pero como he dicho ya, según se va desarrollando la trama nos olvidamos del asunto y entramos en el juego. Precisamente, esa indefinición voluntaria permite una de las mayores fortalezas de Asambleaque lo que ocurre entre sus personajes sea el reflejo satírico de cualquier tipo de reunión: de vecinos, de consumidores, de activistas, de políticos o incluso de un chat o hasta de un hilo de Twitter. El texto refleja con gracia las polémicas absurdas, la desinformación, los bulos y las teorías de la conspiración, la dificultad para llegar a cualquier acuerdo y la facilidad para distraerse de lo importante, o para caer en el insulto. No faltan, por supuesto, los flipados, y también, los que pasan de todo. 

El elenco es sólido y destacan sobre todo Francesc Garrido y Greta FernándezAsamblea es una película sencilla, pero inteligente y efectiva, que va de menos a más, y que permite algo tan necesario como una buena conversación tras su visionado.