A la estela de la música negra

No todos los artistas pueden presumir del hecho de ser la sensación musical del momento con tan solo un disco. Una realidad en el caso de Arlo Parks y su ‘Collapsed in Sunbeams, editado a principios de este año y que va camino de convertirse en clásico de 2021. Con apenas trayectoria a la que sumar dos EPs, ‘Sophiey ‘Super Sad Generation, publicados en 2019, la británica Arlo Parks se ha erigido como una poderosa estrella del rollo R&B, nusoul, urban con un tamiz tremendamente pop. Su estilo es un cruce que mima mucho las melodías, con un timbre de voz sedoso, que mi inconsciente asocia por un momento repentino con Sade, mundo viejuno el mío. Aunque la realidad me dice también se acerca a Solange y a Janelle Monáe, e incluso también se asocia con un sonido como el de RadioheadPortishead y Sufjan Stevens.

El escenario nutría el horizonte. Al fondo Arlo Parks en letras grandes con ese Parks junto a unos girasoles, Una escena que rezumaba naturaleza a través de flores varias, no sabemos si artificiales, pero daban el pego, creaban un ambiente, una atmósfera natural, agradable, anticipando lo que luego iban a experimentar los sentidos. En su primera visita a Madrid, Arlo Parks salió luciendo pantalones cortos y una camiseta del grupo punk Misfits, lo que da cuenta de su apertura musical. Estaba encantada, del calor, de la acogida, de un público entregadísimo desde el primer momento.

Arlo Parks se acompaña de un cuarteto (una teclista / corista, un guitarra, bajo, batería), a veces quinteto, con la presencia de una trompetista. Un conjunto bien conectado que reproduce la magia de las grabaciones originales de estudio. La única pega es una costumbre muy habitual en los directos, sonorizar demasiado alto a los baterías, de manera que a veces recargan la percusión ocultando o tapando otros detalles y destellos musicales de las canciones. 

El concierto de Madrid fue intenso y vibrante con un repertorio que se centró en su álbum de debut que contiene momentos gloriosos como “Hurt”, con esa línea de bajo profunda y el swing que desprende una sutil trompeta por detrás, o la leve cadencia de “Caroline” que en su estribillo brilla con dulzura. “Green Eyes” o “Eugene”, otros aciertos donde la levedad preside el ambiente con detalles musicales en un aparente segundo plano que embellecen el todo. De los EPs recuperó “Sophie”, una delicia que, gracias a sus texturas, conecta con ese sonido Bristol de Massive Attack y Portishead. Como también lo hacen las bases de “Cola”; la sutil épica de “Super Sad Generation”, o la preciosa balada “Angel’s Song” en modo acústico. Referencias a Thom Yorke, el “Billie Jean” de Michael Jackson, a las drogas (la queta), a Courtney Love, a la serie Twin Peaks, o al músico Jai Paul (del sello XL). Pero también un halo de “Sé tú mismo” y “Hazlo tú mismo” pero bien acompañado por tu gente, aquí con sus músicos -el guitarra se marcó algunos solos muy a lo Carlos Santana-. 

En Arlo Parks la banda suma y las canciones presiden. Dedicó su canción “Black Dog” a una época en la que estaba pasando una mala racha – ¡En la letra compara sus ojos con los de Robert Smith! -. Y es que Arlo Parks desprende un swing adictivo, combinado con una belleza en los detalles, una querencia por los ritmos rotos, los estilos cruzaos, aunque el sonido negro pesa, en una cadencia leve que te mece en la escucha. Cuando la mezcla, y el blend provoca un torbellino de sabores y sensaciones gratas, la cosa no puede salir nunca mal.

Foto: Ignacio SSF (El Enano Rabioso)