8.0
Score

Final Verdict

Arctic Monkeys han hecho un disco para disfrutar sin prisas y que va regalando sorpresas con cada escucha. Una colección de temas en los que una orquesta de 18 músicos se convierte en la protagonista, y en la que se adentran en mundos soul, lounge, e incluso funk. Además, con bastante acierto.

Arctic Monkeys están en una posición privilegiada a la que muy pocas bandas consiguen llegar. Por un lado, cuentan con un éxito de público que, sorprendentemente, y gracias a TikTok, ha llegado hasta las nuevas generaciones. Y por el otro, tienen a una buena parte de la crítica rendida a sus pies. Por eso pueden permitirse hacer lo que les da la real gana. Pero ojo, hay que decir que se lo han ganado llevando su carrera con bastante coherencia prácticamente desde que empezaron. Lo que hace que no sorprenda a nadie que un grupo que empezó haciendo un rock acelerado y potente, acabe de sacar un disco en el que las guitarras casi son secundarias. Y lo que es mejor: salir airosos de ello.

Sí es cierto que la banda de Sheffield preparó a sus seguidores con ‘Tranquility Base Hotel & Casino’, un disco en el que ya viraban hacia un sonido más clásico, pero nada comparado con lo que encontramos en este ‘The Car’. Alex Turner ha vuelto a componer al piano, y a la producción vuelve a estar su inseparable James Ford, pero aquí encontramos una protagonista más: la orquesta. Todas las canciones del séptimo álbum de Arctic Monkeys están adornadas por una orquesta de 18 personas, lo que hace que, por lo menos, ya sea agradable para el oído del oyente. Pero, además, muchas de estas composiciones, están a un nivel muy alto. Y eso ya son palabras mayores.

Los que vayan buscando un disco lleno de hits y singles claros, ya pueden ir cambiando el chip. Arctic Monkeys han hecho un trabajo para sumergiese en él, que se disfruta sin prisas, y que va regalando nuevos detalles en cada escucha. Una colección de canciones en las que se van al soul más retro, se regodean en el pop orquestal, o se dan un paseo por el funk. Y en casi todas ellas, Alex Turner tira del falsete. Además, con bastante acierto, porque su voz casa perfectamente con esas nebulosas y deliciosas partes orquestales que adornan las canciones. Solo hay que escuchar pequeñas joyas como “There’d Better Be a Mirrorball” o “The Car”, que te sumergen dentro de un pop elegante y sofisticado. Además de esa “Big Ideas” tan sumamente cinematográfica.

Otro acierto con el que cuenta ‘The Car’, es ese pequeño punto funk que tienen algunas de sus canciones. Como “I Ain’t Quite Where I Think I Am” y “Jet Skis On The Moat”, donde dan buena cuenta de una guitarra que parece salida de cualquier película de la blaxploitation. Y ojo, porque el toque cinematográfico es una constante en casi todo el álbum. Otra muestra la encontramos en “Sculptures Of Anything Goes”, un oscuro tema coronado por una tímida caja de ritmos, que cuenta con una impactante parte final, la cual, de hecho, no desentonaría en una película de James Bond. Incluso esa pseudo bossa nova llamada “Mr. Schwartz” tiene un pequeño sabor al cine de los sesenta. Aunque eso sí, para cerrar, vuelven a ese pop grandilocuente y orquestal, y entregan una pequeña joya como “Perfect Sense”.