¿Cuál puede ser tu siguiente paso cuando vienes de reencontrarte como artista y de trabajar con uno de los productores más afamados y solicitados del rock? Pues, en el caso de los hermanos Angus y Julia Stone la respuesta ha estado en emprender el camino contrario y buscar el “háztelo tú mismo” con una autoproducción llevada a cabo en su mayor parte en el estudio de Angus.

Así nace este Snow, la esperada continuación al disco homónimo que en el 2014 les juntó con Rick Rubin. Sin embargo, aunque ahora vuelvan a caminar solos, son muchas las influencias del barbudo productor que se han llevado consigo. El mero hecho de continuar juntos se debe a una insistencia de Rubin, quien les sacó de una supuesta separación artística y les animó a que probasen a componer de manera conjunta. El dúo, que hasta entonces había dado a luz a sus canciones por separado, descubrió una química más allá de la que cabía esperar por mera asociación sanguínea. Al haber vivido muchas de las mismas experiencias pero desde sus respectivas y muy diferentes personalidades, descubrieron que uno era capaz de completar de manera insospechada a la otra y viceversa. Se consolidaba así una fórmula chico-chica mucho más natural y compensada que gran parte de las que están en activo, con un toque clasicón pero sin desgastar el referente Hazlewood/Sinatra o Gainsbourg/Birkin que acaba siendo un sanbenito para todas las parejas que exploran ese formato.

Así han seguido trabajando en este Snow, donde permanecen las atmósferas placenteras (sin pasarse de azúcar) en un indie comercial que a ratos tiende hacia el folk, a rato hacia el country alternativo y la mayor parte hacia simple y puro pop. Los que se subieron al carro en el anterior disco sí que notarán que la ausencia de Rubin implica también un sonido menos pulido, menos “angelino” y profesional, dejando lugar a una serie de atmósferas caseras en ocasiones sujetas por primitivas cajas de ritmo (en Who do you think you are, la pieza más larga del disco, esos ritmos y su desarrollo en la canción son casi un calco de los que The War on Drugs lleva perfeccionando en sus dos últimos discos). El giro también se traduce en una crudeza más macarra de Angus, como si quisiera acentuar el contraste con la angelical Julia.

Al volver atener grandes canciones entre manos, y poseer suficiente sabiduría instrumental, el dúo sale airoso del reto. No buscan generar grandes sobresaltos, lo cual garantiza que desde la primera escucha ya van a tener nuestra complicidad, con la contraprestación de que a veces corramos el riesgo de desconectarnos un poco o de cansarnos pronto en busca de ofertas más… desafiantes.